«KIOTO» (KOTO)Yasunari Kawabata (1962)
«Tu felicidad flota en el aire como una fragancia»
UN JAPONÉS UNIVERSAL
Yasunari
Kawabata (Osaka, 1899- Zushi,1972) además de ser el primer japonés al
que se concedió el premio Nobel de Literatura (1968), fue el embajador de la
literatura japonesa en España antes de Yukio Mishima y de Haruki
Murakami.
Precisamente
en sus fotografías de la gala del Nobel se percibe la distancia cultural entre
oriente y occidente en esa época emblemática (la del Mayo del '68). En
efecto, su vida fue, como la de muchos japoneses de la primera mitad del siglo
XX, un recorrido de pérdidas, regeneraciones y conmociones internas, además de
un tenaz empeño de mantener su identidad en la fluctuación de cambios
culturales y sociales originados por la Segunda Guerra Mundial. Huérfano de
toda familia siendo adolescente, asumió las tradiciones como opción para conservar
el viejo Japón en su vida. Y esta es la primera clave a tener en cuenta al leer
«KIOTO» (1962).
Yasunari
Kawabata (YK) nació en una familia acomodada (su padre era
médico). A los cuatro años de edad quedó huérfano y fue a vivir con sus abuelos
paternos. A su hermana mayor, que fue adoptada por una tía, solo la volvería a
ver tan una vez más, cuando la niña tenía diez años, ya que moriría a los once.
Su abuela murió en 1906 y su abuelo en 1914, cuando YK contaba 15
años. Tras la muerte de sus abuelos paternos, se fue a vivir con los maternos
(los Kuroda). Pero ya en enero de 1916 se trasladó a una
pensión, cerca de una escuela a la cual se llegaba en tren y se graduó en 1917.
Esta orfandad temprana, esos arraigos efímeros, seguidos de desarraigos
frecuentes y, sobre todo, esa emancipación temprana, constituyen otra de las
claves de lectura de la obra que nos ocupa.
En 1920 comenzó
en la Universidad Imperial de Tokio la carrera de literatura en lengua inglesa,
pero un año después se cambió a la de literatura japonesa. Mientras cursaba la
Universidad, revivió la revista literaria Shinjicho (la nueva
tendencia del pensamiento), dato clave por cuanto fue donde publicó algunos de
sus trabajos y abrió su trayectoria en el mundo literario.
Finalizó sus
estudios universitarios en 1924, época en que funda la revista Bungei Jidai (La Era
Artística), opuesta al realismo social que prevalecía en la literatura japonesa
del momento. El grupo de intelectuales y artistas congregados en torno a esta
revista vindicó su carácter neo sensualista, convirtiéndose así YK en portavoz de la nueva generación. Por lo tanto, los Shinkankaku-ha
o «Escuela de las Nuevas Sensaciones» surgen como reacción al
realismo y al naturalismo, buscando plasmar la realidad a través de las
sensaciones directas, la intuición y nuevas técnicas literarias. Pretendían
captar la realidad mediante la percepción sensorial, confiriéndole a la
descripción literaria un sesgo innovador, de ordinario enfocándose en la
subjetividad de la experiencia. Pues bien, esta tendencia, que marca buena
parte de la obra del autor, se plasma magistralmente en Kioto.
UN ESCRITOR JAPONÉS
En consonancia
con esa postura, se traslada a Kamakura, la vieja capital samurái, para
apreciar mejor las raíces estéticas del viejo Japón y afianzarse en ellas. En
1935 dando inicio a su prolífica obra con la novela País de nieve: una descripción
del mundo tradicional japonés cuyo ritmo cadencioso y lenguaje pulido hacen
resaltar las sutilezas del amor, la belleza y el paisaje. Rasgos estilísticos
compartidos casi treinta años después por Kioto.
Durante la
Segunda Guerra Mundial se autoexilia en Manchuria, pretendiendo así evitar polemizar
con las belicistas tendencias ideológicas de la época. Ya en 1954, El sonido de
la montaña, tiene como escenario principal la región de
Kamakura, donde los personajes oscilan en una superposición de tiempos viviendo
en el recuerdo. El follaje y la textura de los árboles, los pájaros, el mar, la
montaña, las máscaras del teatro Noh o un encuentro en el Parque Shinjuku constituyen
los elementos orgánicos de la novela.
Su obra
literaria presenta temas reiterativos, como la representación del paisaje,
entreverado con los ciclos de vida en la sociedad japonesa, cuyo mejor ejemplo de
los son los ocho cuentos de Primera nieve en el Monte Fuji (1959): equilibrados
en su estructura y con una aguda penetración en la sensibilidad humana, rozan la
perfección literaria. La obra se completa con una obra de teatro situada en el
siglo XII que describe un Japón envuelto en su propia cultura, con sus rasgos
más tradicionales.
Sin embargo,
pese a lo que todo esto pueda llevar a pensar, YK no fue un
inmovilista: también se nutrió de las vanguardias europeas para forjar un
estilo híbrido que se concreta en una especie de impresionismo literario
japonés precisamente en Kioto, convirtiéndola en una de sus más novelas estilísticamente
más trascendentes.
El título toma
deliberadamente el nombre de la antigua capital que por más de un milenio fue sede
del imperio japonés (hasta 1868), y compone un análisis alegórico
de los dos países y las dos generaciones que cohabitaron en un mismo espacio
repleto de templos y antiguas creencias, en una ciudad que, exonerada de los
bombardeos de la guerra, comenzó a registrar el inexorable avance hacia una nueva senda de incertidumbres. Porque
la capital milenaria, al constituir inicialmente un objetivo estratégico de la operación
estadounidense de destrucción masiva del país en 1945, pudo haber sido
destruida por una bomba atómica. Solo la mediación del Secretario de Guerra de
los Estados Unidos, Henry I. Stimson, ante el presidente Harry Truman,
consiguió que Kioto abandonara la lista de las ciudades objetivo: como se sabe,
al final, la decisión recayó sobre Nagasaki.
Respetado
y reconocido en su tiempo, fue mentor de grandes escritores japoneses, entre
ellos Yukio Mishima (1925-1970), con quien comparte su participación en
el medio cinematográfico: YK como actor en su juventud y Mishima como
guionista. Coincidieron también en un trágico final: Mishima mediante
un suicidio ritual (seppuku) en 1970; YK, aquejado
de una grave enfermedad degenerativa y deprimido por la muerte de su discípulo
y amigo, suicidándose en un pequeño apartamento a orillas del mar, mediante inhalación
de gas dos años después.
LAS FLORES DE LA PRIMAVERA
«Kioto» relata
la vida de una pequeña familia de artesanos tradicionales
y comerciantes que se dedica a
la manufactura tradicional de diseño y
venta de kimonos, con la
búsqueda de la belleza y la armonía como elemento central, y el lento decaer de
oficios ancestrales y tradiciones de trasfondo. Su eje narrativo se asienta en
un pequeño secreto (a voces) de la familia: una niña abandonada, una adopción,
la búsqueda de los antepasados desde el amor y el cariño a los padres
adoptivos. Un hilo conductor que, en realidad, sólo es un marco en el que
transcurre la vida cotidiana de unos personajes intemporales, con sus antiguas
relaciones paterno-filiales y jerárquicas; los primeros pasos de un cortejo;
las ocupaciones artesanales; las Casas de Té pobladas de geishas, esas
artistas profesionales japonesas (y no prostitutas como se suele pensar) especializadas
en música, danza tradicional, la ceremonia del té y el arte de la conversación,
dedicadas a entretener con refinamiento en ozashiki (banquetes privados)
y guardianas de la cultura tradicional que requieren una larga formación (como maikos
o aprendices)…
Centrada en Chieko, la joven
adoptada por la familia, que siente la necesidad de conocer su origen a pesar
de contar con todo lo que una joven de la época puede soñar: una familia cariñosa
y una buena situación económica. En
busca de su pasado, experimenta sucesivas emociones y encuentros que la llevan
a desvelar el misterio de su nacimiento, como hija expósita de una familia
pobre y desgraciada. En un
escenario urbano basado en el más puro estilo tradicionalista japonés, Chieko conoce a su hermana melliza Naeko, casi idéntica a ella, cuando asiste al
santuario de Goryosho, en Shinkyogoku. Según sus padres adoptivos, Chieko había nacido bajo los capullos de
cerezos nocturnos de Gion. Guiada por ese precepto, al recordar las veces
que había visitado las montañas con su padre para observar los capullos de
cerezos, decide ir a la aldea de cedros (aquí YK
utiliza una fina descripción kinética, que será clave en la geografía de la
trama): en compañía de su amiga Masako se
dirige en autobús hacia allá y es allí cuando su acompañante, al observar a las
muchachas que bajaban de la montaña, distingue entre los cedros, a alguien muy
parecido a Chieko y se lo comenta. Eso motiva
una gran inquietud en la protagonista, que la lleva a buscar a aquella muchacha
a la que solo ha visto de lejos. La encontrará de nuevo, poco después, en
Goryosho, justamente en el proceso de un ritual tradicional (Ritual de las siete
vueltas) que ambas están realizando. Así es como, ya avanzada la novela, aparece Naeko, hermana melliza que presenta como una joven campesina.
Ese primer encuentro entre Chieko y Naeko
es puramente emocional. Se produce en las límites de la ciudad, en los linderos
del bosque. La casualidad tiene sus efectos, tras conocerse personalmente, comienzan a hablar y descubren su pasado
común insinuándose un sutil ordenación (de clase social) entre sus identidades,
conscientes de que la felicidad es efímera y huidiza. Tras la turbación
inicial, Naeko le cuenta que sus verdaderos
padres ya han fallecido y que ella había tenido que trabajar duramente para
sobrevivir en el bosque de cedros.
Luego, tendrá lugar un emotivo
momento marcado por una confusión experimentada por Hideo,
un artesano amigo de Chieko, cuyo padre, Sosuke, posee un taller artesanal con telares de
madera. Hideo confunde a Naeko con Chieko: sucede
al cruzar justamente el puente de Goryosho. A partir de ahí el interés amoroso
(affaire) de Hideo por Chieko se traslada a Naeko
(momento en que su papel de alter ego queda plenamente evidenciado),
quien mostrará su turbación e incomodidad personal ante el acercamiento de Hideo: El joven corazón de Naeko había
discernido los sentimientos del joven, y entonces le había contado a Chieko su
extraña teoría de la ilusión.(p. 225) Hideo
está en vías de convertirse en un gran estilista y diseñador de obis (cinturones largos y muy anchos empleados
para sujetar los kimonos), y a partir del encuentro en el puente (instigador
de ideas y sentimientos) toma una decisión relativa a la distinción sentimental
y afectiva entre Chieko y Naeko. Después de hacer una visita al negocio de Takichiro, aún se encontraba confundido respecto a
en quién inspirarse para elaborar el diseño que le habían encomendado: también.
Hideo aún parecía considerar que el obi
era para Chieko. No, era el obi de Naeko, por tanto debería diseñarlo de tal manera
que no discrepase con el estilo de vida de la joven. Así se lo había dicho a Chieko...Hideo
se encaminó hacia el puente de Shijo donde se había encontrado con la 'Naeko de Chieko'
o con la 'Chieko de Naeko',
pero hacía calor bajo el sol del mediodía. Apoyándose en la baranda, en el
extremo del puente, cerró los ojos. Se quedó allí escuchando, no el ruido de la
gente o de los trenes, sino el sonido casi imperceptible de la corriente del
río. Escena simbólica en la que se sitúa en un puente (punto de transición) a
un joven artesano confundido entre el destino de su obi (objeto artesanal) y,
por tanto, del diseño (tradicional o moderno).
También será en el mismo puente, en
medio de un festival de verano, que un amigo suyo de la infancia, Shin'ichi, se encuentre casualmente con Chieko y sea la ocasión para presentarle a Ryusuke, su hermano mayor, joven decantado hacia
los nuevos caminos de la industria y el comercio. A partir de este momento, Ryusuke quedará prendado de Chieko, a quien buscará y ayudará en su negocio
familiar. Ambos hermanos son hijos de Mizuki,
dueño de un gran comercio mayorista de Muromachi, quien después hablará con Takichiro a propósito de su hija y de los negocios
familiares. La cita es en un restaurante frente al parque Murayama. La ciudad de
nuevo como testigo de los ficticios avatares de los personajes.
PERSONAJES INTEMPORALES
YK va más allá de la
mera plasticidad y compone unos personajes con unas señas de identidad
definidas por los rasgos de la naturaleza. Así, mientras que Chieko es la naturaleza
domesticada y refinada, la de los grandes jardines llenos de flores delicadas
(la presentación del personaje se realiza, no en vano, en los inicios de la
primavera, asimilándola a unas sencillas violetas que crecen en el tronco de un
viejo arce), su hermana Naeko es la naturaleza en estado puro, la de los grandes árboles, las
montañas, la rusticidad y lo salvaje.
El personaje protagonista, Chieko, la joven expósita
adoptada por Takichiro, el comerciante de telas, y su mujer Shigue, que un día descubre
que fue abandonada por sus verdaderos padres y que tiene una hermana que vive
en una aldea a las afueras de la gran ciudad, se constituye en la
representación del nuevo Kioto: una personaje afable y consciente de sus raíces
debido a la relación que tiene su padre adoptivo con el comercio de los kimonos
y el apego a las múltiples costumbres ancestrales de su comunidad. Pero también
una mujer interesada por los nuevos negocios y religiosidades (expresiones
modernas de fe o búsqueda de sentido) y consciente de esa nueva vida conectada por los trenes y la amalgama de factores que ha
traído consigo la invasión cultural y tecnológica de occidente.
Naeko, la hermana
melliza reencontrada, representa al Japón campesino totalmente inmerso en las
viejas tradiciones y creencias que unen su vida a los dioses de la naturaleza y
los elementos que permiten la subsistencia humana y que se niegan a aceptar el
paso a la modernidad. Por eso le resulta tan complejo poder relacionarse con su
hermana encontrada. A pesar del amor filial que les une, hay un dejo de ese
orgullo oriental por no dejarse someter ante lo diferente y contrario a sus
creencias.
Otro personaje
que fundamenta este tránsito difícil de las antiguas costumbres a la modernidad
es Takichiro Sada, el padre adoptivo de Chieko, quien siendo
joven, inspirado en las corrientes culturales europeas, comenzó a diseñar
kimonos con una influencia pictórica basada en el impresionismo y la
abstracción, además de tener ayuda de estimulantes para crear sus diseños
adolescentes, pero el paso del tiempo, afianzado en la vuelta a los viejos
preceptos y rituales, ya sin el uso de estupefacientes, lo han tornado en un
diseñador en decadencia, más preocupado por el porvenir de su negocio, que por
el de seguir un camino artístico. Acaso sea la representación del propio YK, quien,
añorante de sus viejas glorias y sus viejas pasiones de juventud, ya no
encuentra cabida en un mundo que avanza con vértigo hacia un futuro desapegado
de todo lo que conoció
y lo formó como escritor.
Como contraste
con él está la nueva generación. Hideo Otomo, hijo de Sosuke, propietario
de un taller artesanal, encarna al diestro artesano que en su relación con Chieko-Kioto inicia
un proceso de confusión, duda y especulación sobre el diseño de sus artículos. Shin'ichi, amigo de Chieko,
es un joven sensible con alma de artista cuyo padre era dueño de un gran
comercio mayorista con muchos amigos influyentes; y su hermano, Ryusuke, que aunque está en la universidad, le interesa más el negocio familiar, representando así el nuevo impulso
comercial e industrial de Kioto (simbolizado en su interés por Chieko).
OTRO TIEMPO, OTRO MUNDO
La
novela se sitúa en el Japón de postguerra durante los años '50 del siglo
pasado, concretamente en Kioto, lo que determina un ambiente netamente oriental,
todavía completamente ajeno a la cultura occidental. Una época de transición a la
posmodernidad japonesa, cuando ya están presentes, aunque en formato reducido,
sus atributos urbanos y tecnológicos actuales (automóviles, redes de
carreteras, autobuses suburbanos y trenes, turismo, nuevos artefactos
electrónicos…). La selección no es casual, pues responde a esa tensión entre lo
viejo y lo moderno, expresada en su protagonista, Chieko,
que a sus 20 años celebra cada estación del año con emoción: Comienza con el
florecimiento de las violetas en el tronco del viejo arce, ante la
contemplación admirativa de Chieko, y termina con los primeros copos de nieve
que se derriten en la noche apenas tocan sus cabellos. (Silvio Mattoni, Prologo: p. 15).
La
trama se puede ubicar apenas cronológicamente por una escueta referencia a las
tropas americanas afincadas en el Jardín Botánico, vedado en esa época a los
lugareños, o por la referencia al empleo de las pinturas de Paul Klee
(1879-1940) como inspiración para el diseño de bordados para obis.
Por su parte, el espacio de la
novela se desdobla en dos, distinguiendo entre los lugares emblemáticos de la
novela, los desplazamientos de sus personajes y los espacios frecuentados (el
paisaje imaginado), por un lado; y, por otro, la representación de las
emociones en el tiempo y en el espacio (la kinética de la novela). Al ser Kioto
y sus alrededores el escenario principal, las descripciones kinéticas, es
decir, los movimientos corporales, gestos, posturas y expresiones faciales que componen
el lenguaje no verbal (y que constituyen una forma de comunicación transmisora
de mensajes, emociones y actitudes, ya sea de manera consciente o inconsciente)
que aparecen en sus sucesivos capítulos exigen un análisis e interpretación pues
vienen asociadas a un paisaje al mismo tiempo natural e intervenido.
Es decir, las abundantes coordenadas
espaciales del texto sobre Kioto han de diferenciarse de las descripciones
kinéticas. Un ejemplo del espacio está en el comienzo del capítulo "El Distrito de los kimonos": Aunque
Kioto es una ciudad grande, el color de las hojas es muy bello allí. Los
bosquecillos de pinos de Gosho y de la villa imperial de Shugakuin y los
árboles de los amplios jardines del viejo templo llaman la atención del
viajero, tanto como las hileras de sauces llorones del centro de la ciudad,
sobre las riberas del río Takase. En Kiya, Gojo y Horikawa, los sauces verdaderamente
lloran; sus ramas caen como si quisieran tocar el suelo. Qué delicados esos
sauces, y los pinos rojos de Kitayama, cuyas ramas dibujan suaves círculos y
parecen unirse entre sí (p. 67).
En efecto, numerosos párrafos
completos integran la geografía del texto, esa parte de la narrativa en
la que según James Kneale no se produce directamente una interacción
entre personajes y espacio, conformando el escenario de fondo, pero sin
intervenir ni modificar los sucesos. La diferencia con una geografía en el
texto (la kinética del espacio) consiste precisamente en que ésta influye en
la trama.
Por eso hay que distinguir y tener
en cuenta la subjetividad de los personajes, la manera en que el autor
relaciona el espacio con la modificación de pautas de conducta, toma de
decisiones, alternativas de acción, pues son claves textuales. Un fragmento
donde se aprecia la kinética del paisaje abre el capítulo "El Festival de Gion": Chieko salió del
negocio llevando un gran canasto de compras. Iba a cruzar la calle Oike para ir
al local Yubahan de Fuyamachi, pero se detuvo un momento en la calle Oike para
mirar el cielo, que ardía como un incendio desde Heizan hasta Kitayama. Era demasiado
temprano en un largo día estival para que se tratara del resplandor sanguíneo
del crepúsculo; el color del cielo no era melancólico. Las grandes llamas se
extendían a través del cielo...No me había dado cuenta de que había
espectáculos como este. Es la primera vez que veo algo así (p. 117). Chieko refleja la subjetividad del paisaje: un
paisaje sublimado, saturado de interpretación personal.
Un ejemplo de kinética pura forma
parte del mismo capítulo y sucede poco antes del súbito encuentro entre ambas
hermanas: Chieko extrajo un pequeño espejo y observó su propio rostro en
medio de los colores de las nubes. / No lo olvidaré en toda mi vida. No
hay duda de que el ser humano es una criatura emocional (p. 117). YK acomoda las piezas para generar una mayor
intensidad en el relato: el mundo de las emociones, el paisaje sublimado, la
casualidad del encuentro y, como fondo las calles de Kioto en un festival
popular.
Otro ejemplo se da en el capítulo "Los cedros de Kitayama", cuando Chieko le explica a su madre los motivos por los
que le gusta ir a la aldea de los cedros de Kitayama: –Los cedros son tan
erguidos, rectos y bellos. Querría que los corazones humanos crecieran de esa
manera. / –¿Entonces tú no eres como ellos? –preguntó su madre. / –No, soy
encorvada y retorcida... (p. 104). Luego, mientras dialoga con sus padres, Chieko gira el rostro hacia el jardín interior de
su casa y observa que han desaparecido las violetas de la primavera. Momento en
que le pregunta a su madre dónde ha nacido en realidad. Shiege, le pasa la cuestión a Takichiro,
que responde rotundamente: Bajo los capullos de cerezos nocturnos de Gion
(p. 105).
KIOTO ON MY MIND
Así, en la novela las
coordenadas espacio-temporales no son un mero trasfondo de un relato. Tiempo y
espacio se funden para representar los estados de ánimo de Chieko. También le van a
proporcionar algunas claves en momentos decisivos de su inquieta juventud, de
forma que, por ejemplo, el paso por un puente puede generar nuevas hilos en la
trama. YK construye su historia
desde la casualidad del encuentro en un puente o desde la abstracción del
entorno social al detenerse en el puente para sumergirse en una honda reflexión
sobre objetivos de vida, lo que, precisamente, confiere fundamento al contenido,
que hubiera tenido que ser distinto de haberse construido de otra manera.
Porque la ciudad no
sólo sirve de decorado de fondo, sino que asume la condición de ente vivo que fluye al ritmo de las estaciones, y
los estados de ánimo de sus habitantes se traducen y reflejan en los cambios de
la naturaleza y las estaciones del año. En este sentido, la interrelación de los personajes con la naturaleza
es fundamental para describir su personalidad y sus conflictos interiores.
A través de Chieko se representa con gran fuerza un paisaje natural en las
cuatro estaciones del año: de las flores de primavera del comienzo a las de
invierno del capítulo final. En Kioto se trata más bien de paisajes
sembrados, pues casi todos los paisajes naturales han sido tocados por el
hombre. La ciudad se distingue por paisajes diseñados expresamente por los
antiguos planificadores de la ciudad al servicio del Imperio. Hubo entonces una
intervención humana previa a la presentación de sus majestuosos jardines para
hacer del paisaje urbano un objeto de la estética de una época de gloria
imperial que, además de glorificarla, ofrecía deleite, paz y armonía a sus
habitantes. Asimetría, equilibrio y rigor en el detalle se conjugan para
diseñar un paisaje sembrado (y literario). Detalle central en la novela,
pues por encima de la tensión trasmitida a sus personajes, prevalece la
parsimonia de una sociedad que celebra la vida ceremoniosamente.
Así los dos escenarios, el del
paisaje natural y el recreativo como espacios simbólicos: los ríos y montañas
como hitos del paisaje por un lado, mientras que los jardines forman parte
sustantiva de la trama. En los jardines se realizan los grandes festivales de
la ciudad. Por ello se convierten en un lugar de encuentro, un espacio de
identidad para muchos de sus habitantes. Un espacio público que adquiere
connotaciones distintas según lo marquen las estaciones del año.
FOLLETÍN ESTÉTICO
La otra parte de la narrativa
urbana parece ser el tiempo de la naturaleza, que florece en sus suburbios, en
sus jardines caseros, en el espacio sacro de los templos. La naturaleza es
celebrada en fiestas de larga tradición: Aoi Matsuri, Gion Matsuri, Damon-Ji,
Kurama-no-Himatsuri, etcétera. En este contexto, la novela se configura en una alegoría,
en la que una chica huérfana y adoptada representa la vitalidad y fuerza de una
cultura con hondas raíces históricas.
El significado cultural de Kioto en
principio está arraigado a su naturaleza, pero asimismo a su legado cultural.
Es una ciudad donde abundan los festivales que honran tradiciones y formas de
vida. Destaca, en este sentido el pasaje de la despedida que sus habitantes
hacen del viejo sistema de tranvías, restos de una época no tan remota, que se
identifica con el periodo Meiji (durante el cual se dieron los primeros pasos
para la modernización de Japón en el último tercio del siglo XIX). En la
novela, los pasajeros disfrutan de los últimos viajes, rememorando otras épocas:
en uno de esos trayectos se produce el diálogo entre dos pasajeros acerca de
los lugares identitarios del viejo Kioto. No es casual que YK lo incluya en la obra como uno de los momentos
de la transición urbana de Kioto, donde, como en otras ciudades, el tranvía sería
sustituido por el autobús urbano y el tren subterráneo (o subway) que
hacia la década de los '80 llegará a Kioto.
Igualmente, Kioto, ciudad
atravesada por ríos y rodeada de montañas (de los que ningún habitante podría
prescindir en su entorno cotidiano), va a sufrir una progresiva expansión
urbana hacia sus suburbios ocasionando que zonas distintivas como, Kitayama,
distinguida como una aldea de cedros, se tuviese que fundir con la ciudad y aun
así conservase sus prácticas culturales. Al mismo tiempo que como ocurría en
los barrios de Ginza y Nihonbashi, en Tokio, muchos de los mayoristas de
Nakagyo habían empezado a comprar casas aparte y a viajar todos los días a sus
negocios (p. 167).
Una de las
principales características de las novelas de YK es la primacía del
ideal estético sobre el discurso meramente narrativo. La trama pasa a un
segundo plano en favor de una literatura casi pictórica, donde el paisaje, las
estaciones, los colores, la textura de una tela, los sonidos de la montaña, la
nieve o la perfección de un juego de té constituyen los principales focos de
atención. Kioto es un claro ejemplo de este tipo de
narración tan personal. Así, el planteamiento «folletinesco» de la trama adquiere
un sentido totalmente distinto, porque Kioto es mucho más que la
historia de Chieko. Como en otras obras
del escritor, la novela gira en torno a una serie de preocupaciones estéticas
que dotan de una profundidad y complejidad al discurso narrativo.
El título de cada capítulo es el anticipo de descripciones kinéticas sobre la naturaleza, los rituales, los colores y las vidas de sus personajes en las cuatro estaciones del año. En cada una de ellas sucede algo nuevo ligado a la experiencia de vivir y percibir la ciudad y el entramado natural que la envuelve. Chieko y Naeko son flores de primavera que algún día serán sucedidas por las de invierno. Porque el año que transcurre no es intrascendente, pues es el momento en que el escritor recrea una ficción, para exponer lo que está sucediendo en ese peculiar espacio y con esos personajes hasta cierto punto orgullosos de su pasado. Lo que se mantiene es, no obstante, una peculiar mirada en los secretos del presente, puesto que el porvenir apenas se anuncia.
«Me
pregunto si con el tiempo Kioto se convertirá en una ciudad posada más… como la
zona que rodea el templo de Kodaiji. La franja entre Kioto y Osaka se ha
convertido en zona industrial»

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