«HASTA QUE EMPIEZA A BRILLAR»Andrés Neuman (2025)
ESTRUCTURA FRAGMENTADA
El libro sigue una estructura muy
concreta. Se divide en cinco partes: una visita, cuatro apartados cronológicos
y un epílogo que se articulan en ocho capítulos que se van alternando. Por una
parte, los cuatro que fragmentan la visita que, en 1972, Damaso Alonso,
en aquel momento presidente de la Real Academia Española de la Lengua (RAE),
hace a María Moliner para informarle del resultado del proceso de
elección de un nuevo miembro de la institución; y, por otra, los otros cuatro
que narran de forma cronológica fragmentada la vida de la protagonista. El
orden pues se organiza así: La visita, I;
1900 - 1930;
La visita, II;
1930 - 1950;
La visita, III;
1950 - 1972;
La visita, IV;
1972 - 1975.
Para finalizar, con un breve epílogo, titulado «El
cristal». De este modo, la estructura propone un orden
parcialmente cronológico, pero teñido por la subjetividad del recuerdo, el
diálogo con la lengua y la visita que encarnan, más que personajes, figuras del
tiempo.
La elección del título (que no
refleja el tono agudo y directo de María Moliner),
tomado de una cita de Emily Dickinson que aparece como primer paratexto («A
veces escribo una palabra y me quedo mirándola hasta que empieza a brillar»),
es una clave estética y argumento narrativo recurrente dando especial atención
al brillo latente de las palabras. El otro paratexto, es una entrada del Diccionario de uso del español de María Moliner, que también es clave, en este caso
política, y argumento narrativo igualmente reiterado. Se trata del verbo «Contestar»
que aparece como acepción usual, pero no incluida en el Diccionario de la Real Academia Española.
Tras estas dos citas que
constituyen el paratexto, la novela comienza con una escena de corte casi
teatral donde María Moliner (MM) alisa el chaleco, acomoda los almohadones,
contiene el temblor de sus manos. Espera a un invitado, el presidente de la RAE.
Lo que se supone esa visita va más allá de la simple cortesía entre colegas. AN resuelve ese encuentro en una escena cargada de
tensión histórica: la protagonista va a recibir a la figura rectora (aunque
amigo) del canon lingüístico que ha ignorado su labor y su obra. Esta apertura,
dispuesta con precisión escénica, marca el tono del libro, instalando, con
discreta intensidad, el conflicto central (elegido por AN)
del relato. Porque aquí no se trata de contar una vida, sino de iluminarla
y, de algún modo, vengarla.
La visita se irá completando y
matizando con otros tres breves capítulos, que como se puede apreciar van
alternándose con los cuatro largos capítulos cronológicos que permiten recorrer
los tramos fundamentales de la vida de la MM
en tramos temporales de desigual duración (desde 30 años a 3 años).
Con la mencionada primera visita
AN plantea la clave central de sus libro: el
diálogo entre la lengua institucional y la lengua viva. Dámaso Alonso pasa a representar el peso de la legitimidad
masculina y canónica; mientras, María Moliner
pasa a encarnar la tarea de la lengua en el uso cotidiano. Es más, con esta
escena AN pretende representar, más allá del
debate entre dos visiones del idioma, la pugna entre dos formas de ejercer el
poder: desde la tribuna o desde la mesa de trabajo.
Cada una de las cuatro capítulos
cronológicos se constituye en bisagra temporal que permite reconstruir, con
recursos tanto de narrativa como de ensayo literario, los ejes vitales de MM: su formación intelectual, su trabajo en las
Misiones Pedagógicas, su rol durante la Segunda República, la depuración
franquista que la apartó de la universidad, y su trabajo enciclopédico en
soledad. AN, rompe así parcialmente la
cronología lineal, e introduce el intento de una estructura de mosaico, marcada
por reverberaciones entre épocas, de forma que la visita de Damaso Alonso se vea influida por la sombra del
pasado del capítulo anterior, al tiempo que las vicisitudes de cada uno de esos
períodos, a su vez, se vea influida por ese futuro de desconsideración oficial
y frustración personal.
ANTECEDENTES Y PREMISAS DE AUTOR
En el primero de estos capítulos,
dedicado al tramo 1900-1930, se recogen los
inicios de MM en el primer tercio de su vida
desde la España rural hasta su vinculación con la Institución Libre de
Enseñanza, en medio las vicisitudes de una familia de clase media que el padre
abandona: base sobre la que se asienta el núcleo ulterior de la obra. Luego, los
estudios, los primeros trabajos y la entrada en la Universidad para estudiar
Historia (pues se habían suprimido los estudios de Lengua y Literatura). Pero será
en el lúgubre destino del Archivo de Simancas, donde tomará conciencia de las insuficiencias
del idioma, de la sintaxis, de las palabras, de la puntuación… incrementando su
pasión por la lingüística. Después, el paso por Delegación de Hacienda en
Murcia, y la oferta de una ayudantía en la Facultad de Filosofía y
Letras: con 24 años será la primera mujer en ejercer la docencia en la
Universidad de Murcia, donde conocerá a Fernando Ramón y Ferrando,
catedrático de Física, con quien se casará. Aunque perderá a su primera hija, María, más tarde nacerán sus hijos Enrique y Fer.
Este apartado, criticado por su
excesiva morosidad y limitado interés, le sirve a AN
para asentar la premisa principal de la novela: el asombro del lenguaje, como
tesis biográfica de la vida de MM. Ya el
personaje de MM-niña, en un acercamiento
primigenio, estira las sílabas para entender cuánto puede dar de sí una
palabra. Pueeerta, lááámpara, plaaato. Baste recordar que AN ha escrito sobre el proceso de aprendizaje del
habla en sus dos libros anteriores (Umbilical y Pequeño hablante). Toda biografía, como toda
novela, tiene el eco autobiográfico de quien narra: detalle que puede poner en
entredicho la consideración de la obra en su faceta biográfica. Pero no el único.
También sirve para dejar claro que,
antes del Diccionario de uso del español,
hubo décadas de esfuerzos. Aquí el engranaje reside en adjudicar al personaje
un persistente empeño de libertad: primero buscando conseguir autonomía, y, después,
contribuyendo a la autonomía de los otros. AN
sienta así las bases de una empuje que impedirá que la silencie el régimen y
que, incluso después de haber sido degradada, la permitirá seguir luchando por
construir significados.
Por otra parte, en este período, cabe
destacar, por su importancia, en principio poco evidente, la aparición de Luis
Buñuel, representado como un diletante cínico, mediante la encarnación de
un adolescente arrogante y lejano. El personaje, apodado con malicia fonética Buñuelo
por sus compañeros, se muestra (en versión de AN)
como una figura paródica, tan excesiva como molesta. El sobrenombre no es
inocente, pues con él, se introducen en la novela un juego de grafías que
ironiza, desde el propio lenguaje, sobre las formas masculinas del genio
artístico. Provocador ya esa época, capaz de declararse amante del desayuno
de bragas y de convertir un gesto performático (cortarse un mechón de
cabello, lamerlo y ponérselo a María como
bigote) en una incómoda bufonada. Suceso que, aunque inicialmente podría considerarse
una travesura surrealista, puede también interpretarse como una burla machista.
El bigote, símbolo visible de autoridad y virilidad, se impone sobre el rostro
de MM como si solo bajo un signo masculino pudiera
ella obtener legitimidad intelectual, como si su acceso a la credibilidad
dependiera de subordinarse a un estereotipo de poder y autoridad típicamente
masculino (guiño argumental de AN
protagonizado por el que será un maestro de la escena cinematográfica).
Pero no se trata de una anécdota
suelta, pues la figura de Buñuel va a reaparecer
más adelante en telegramas delirantes, postales intervenidas o menciones
cruzadas que invocan el absurdo surrealista. Desde México, le escribe a María: ¿QUÉ
COMEN LOS DICCIONARIOS? STOP. TU CARA PÁLIDA EN EL PERIÓDICO. STOP. UN RAMITO
DE HORMIGAS. FULL STOP. La lengua poética, aquí, se vuelve también juego
tipográfico, y el humor una forma de resistencia ante la rigidez de los
formatos. Esa dimensión lúdica del lenguaje es otro rasgo estilístico de la
novela: AN explora no solo las palabras que
definen, sino aquellas que trastocan, que se escapan del canon, que
experimentan con otras formas de decir.
LA VIDA SIGUE
La siguiente parte cronológica (1950-1972) se torna sustancialmente política. En plena dictadura, MM se ve marginada, silenciada, invisibilizada por las instituciones académicas. Sin embargo, lejos de desaparecer, se reinventa como lexicógrafa clandestina. El autor acompaña este proceso con una escritura que parece mutar con el personaje: las oraciones se acortan, la sintaxis se vuelve más contenida, más precisa. Es como si la prosa se afinara al ritmo del trabajo solitario de la protagonista, que entre fichas y definiciones va modelando un diccionario que, más que un repertorio lingüístico, encierra el propósito filosófico de devolver a las palabras su facultad de uso, su sentido vital, su capacidad de nombrar lo invisible.
El período 1972-1975,
escrito en un tono teñido de melancolía, recoge el ocaso de la pareja: Fernando se queda ciego y muere y María se va deteriorando, va perdiendo el habla y
se va apagando. Sin embargo, por la viveza de la narración, los diálogos
entrecortados y los detalles implícitos, puede que sea la parte más lograda del
libro. Paradójicamente, la más vital, dejando ver lo que podría haber sido la
novela y resaltando lo que no ha sido.
El epílogo, titulado (expresamente)
El cristal, funciona como cámara de resonancia
o círculo de refuerzo. Sobre el eje central del visionado televisivo, por parte
de la familia, de la ceremonia de ingreso de (la primera mujer) Carmen Conde
Abellán en la RAE, no supone tanto un clausura, como un suplemento reflexivo,
con la enfermedad como contrafigura: la mujer que reorganizó el idioma va a
olvidar el suyo. AN, sensible, elude el
melodrama mediante una mirada ética del deterioro: la protagonista puede perder
la lengua, pero su fortaleza, que ha compartido, sigue palpitando en los otros. MM sobrelleva su pérdida de memoria con la
conciencia de que aunque la lengua se le va yendo, conserva restos de su poder:
pugna con definiciones inacabadas, musita sílabas latinas al azar… aún mantiene
el deseo de decir. Así, su hijo Enrique
observa esa ambivalencia viéndola desvanecerse, pero sin dejar de resistir. De
ahí las últimas palabras (–Barco. El barco) y el gesto final (y toco
el cristal con un dedo): ese techo de cristal que toco con un dedo y
que Carmen Conde acababa de traspasar.
Por si todas esas intenciones,
premisas e ideas infiltradas no lo dejaran claro, en una Breve nota final el autor puntualiza que el
libro es una obra de ficción basada en vidas reales, y que la investigación se
hace con el fin de poder tener el derecho a inventar (y en este caso, a argüir).
AL ESTILO NEUMAN
Si en libros anteriores AN había trabajado con la frontera entre memoria y
ficción (Bariloche), la
reconstrucción de figuras históricas (Una vez
Argentina) o la meditación poética sobre la enfermedad (Fractura), aquí intenta condensar esas líneas
en una propuesta que, como el Diccionario de María
Moliner, pretende ser una obra de largo alcance basada en minucias,
atenta al detalle y respetuosa por lo no dicho.
Esta biografía-novelada o
novela-biográfica tiene como principal valor la estupenda prosa del autor; y
como mayor defecto (al igual que en otros de sus libros) la falta de enjundia
en lo que cuenta. AN posiblemente haya
alcanzado su mayor logro literario en Hablar
solos, quizá porque contaba una historia sencilla pero vivaz. Lop
que no ha conseguido con historias mucho más complicadas, como El viajero del siglo o Fractura, donde su oficio literario se diluía
en exceso. Con la vida de MM, le ocurre algo
parecido, aunque no deje de contener numerosos pasajes en que su narrativa ofrece
expresiones brillantes (frente llena de renglones), guiños de
complicidad irónica (A ver si nos vemos pronto. ¿Qué es pronto?, Un adverbio
de tiempo.) o buenas descripciones (a Laurita no le quedaba mucho para
renegar de los diminutivos / un Madrid con calles pobladas de peatones
temerosos de cruzar mal) que recuerdan a las de Almudena Grandes en El corazón helado.
Aun así el libro no acaba de cuajar
ni como biografía ni como novela. Como novela,
la vida de MM (tal como la presenta) no da
para tanto; como biografía, incomoda no poder distinguir entre la realidad y la
ficción. Sobre todo porque con la ficción, con diálogos que acaban en
pensamientos y con tantas medias palabras, AN
acaba construyendo un personaje (ficticio) de MM,
más que reflejar a la persona (real). En algunas partes del libro, parece que
construye el personaje desde lo que le habría gustado que fuera, a él o a los
lectores actuales, pero que temo se ajusta poco a la realidad de la persona y
de su tiempo: hoy en día hay una tendencia (no solo literaria) a considerar
peor cualquier tiempo pasado, por lo que se busca aplicar algunas pretendidas
virtudes actuales a quienes vivieron tiempo atrás, sin reconocer que los
valores no son absolutos y que en otros tiempos se pensaba de otra manera.
Lograr acabar Filosofía y Letras en
la especialidad de Historia en los años veinte, cuando estudiar no era común y
mucho menos entre las mujeres, además de las dificultades económicas con las
que MM se encontró, tiene muchísimo mérito.
Que se empeñara en trabajar y accediera al cuerpo de archiveros y
bibliotecarios, resulta igualmente estimable. De hecho, muchas de las
estudiantes con las que coincidió en la Residencia de Señoritas no pasaron de
ser (adelantadas) mujeres de su época. Lo que distingue a MM es haber elaborado su Diccionario en sus ratos libres y durante el horario
de trabajo como bibliotecaria de la Escuela de Industriales. Tuvo la suerte de
que lo que empezó como afición acabara siendo un trabajo remunerado y así
pudiera culminarlo, que no es frecuente.
Pero AN, sin caer en la hagiografía,
construye a la protagonista con una admiración que, pretendiendo ser irónica,
se aproxima a cierta idealización seguidista. Su personaje protagonista (su MM) puede resultar terca, estricta e incluso desagradecida,
pero nunca deja de mostrarse fiel a su ética intelectual y a su proyecto
lexicográfico. En este sentido, la escena en que decide compaginar sus tardes en
la elaboración del diccionario con el cuidado de su esposo enfermo es un buen
ejemplo de esa ambigüedad parcial del autor, que hace ver que el cuidado no se
opone a la creación, sino que coexisten en una misma actitud. Postura coherente
con la idea de AN, ya manifestada en otras
obras, de que toda obra es también una forma de resistencia doméstica.
ASÍ SE ESCRIBE ESTA HISTORIA
AN escribe esta historia con un tono
narrativo que oscila entre la evocación lírica y el montaje documental. El
narrador (introductor de tesis autorales en tercera persona) sigue su
crecimiento con un estilo que fluctúa entre la ternura y la ironía, dando
cuenta de una trayectoria vital que va desde una infancia marcada por la
ausencia del padre hasta la frustración de una consagración intelectual nunca formalizada.
Aspecto que incorpora a la MM-personaje, que desde niña aparece dotada de una mente atenta
y una mirada que interroga el mundo con la lógica del lenguaje y la conciencia
del género (otro de los ejes temáticos del autor, introducidos como rasgo de
caracterización del personaje).
En este sentido, el momento en el
que el personaje descubre que puede pronunciar una palabra hasta vaciarla de
sentido, y luego verla brillar (referente metafórico prestado de Dickinson) es un episodio de revelación. El gesto
de jugar con las sílabas se vuelve una declaración de poética y una clave de
lectura. Sin embargo, desde el punto de vista estructural, se sostiene en un
triángulo autoral discutible (como poco), donde el personaje (vértice
triangular) viene configurado por la cita ajena (Dickinson)
y la tesis del autor (el brillo latente de las palabras). En
consecuencia, el lector se pregunta cuánto de la persona MM tiene el personaje desarrollado por de AN.
Sea como fuere, lo que parece
indudable es que la forma es importante. En esta novela hay varios indicios de
este cuidado. En primer lugar lo encontramos, como se ha visto, en la
estructura: el eje que unifica los capítulos es una única escena (la visita)
dividida en cuatro partes, que va desvelando poco a poco el perfil del
personaje y sus dinámicas de comunicación, donde el humor, la tendencia a la
sátira y cierto recelo del mundo de los hombres van dejando al descubierto,
poco a poco, la frustración y la rabia del rechazo. Pero también en el uso de
un lenguaje que permite establecer una conversación entre su voz autoral y la
voz de MM, entrando y saliendo del personaje
para intentar volverla más cercana. Esto, además de permitir intuir la manera
de entender el vínculo entre biografía y ficción según AN,
constituye un mecanismo para incorporar inquietudes (autorales) en torno a la
propia manera de entender la verdad de los acontecimientos.
Otro elemento que permite apreciar
esto es el manejo de las frases según cada etapa de su vida. Al principio hay
una mayor descripción y cierta verbosidad que permite acercarse al perfil
desinhibido y curioso de María-niña. A medida que transcurre la vida, sin
embargo, la escritura va oscureciéndose y tornándose simplificada y, a veces,
seca. Hacia el final, AN se inclina por la
fragmentación del fraseo para reflejar la huella de la arteriosclerosis
cerebral en el cuerpo, como forma de expresar el desconcierto que produce que
una mujer entregada a la lengua haya sido abandonada por ella. El ocaso del
libro nos muestra, en efecto, una mujer que se va quedando callada y que se
peleaba a solas con su dicción, con las palabras que se le escurrían.
Por otra parte, las críticas
negativas suelen enfocarse en la escasa profundidad de los personajes, pues las
motivaciones de los protagonistas no quedan suficientemente aclaradas y el
desarrollo de los personajes secundarios resulta insuficiente. Además, se ha
insistido en un estilo de escritura repetitivo o excesivamente descriptivo, que
dificulta a veces la conexión con la historia. Se suele mencionar también la
predictibilidad de los giros de la trama, fáciles de adivinar, que reducen así
su impacto emocional: de hecho, falta emoción en la historia de una vida que
deja un poco frío, cuando los avatares de la misma parecen determinar mayor
intensidad emocional.
Destaca AN
en el manejo de las elipsis, de los silencios, de lo que no está en el texto
pero que la lectura visibiliza. Que es, además, uno de los rasgos característicos
de su escritura: para él cada detalle minúsculo de la vida es semilla de las
más bellas iluminaciones. En esta novela se expresa a veces de manera perspicaz
(el sabor del papel no le pareció tan desagradable), mientras en otras
deja entrever la huella de la herida (Escondió la carta. Buscó una caja de
fósforos). AN utiliza aquí este recurso
para crear una obra saturada de picardía y de acidez política. En esos juegos
de lenguaje, en ocasiones parece postergar al personaje dando preminencia a un
trabajo indirecto en el texto orientado a expresar tendencias o ideas ajenas al
relato biográfico. Por ello, a veces, todos estos ingredientes aportan un doble
sentido a la lectura, el del autor (que se expresa a través del narrador) y el
del personaje biografiado. Así, la novela se constituye en una forma subjetiva
de acercarse a la vida de MM a través de la escritura
de un autor que refleja, a través de su personaje y (sobre todo) de su narrador,
algunas fijaciones que más parecen propias que de la persona biografiada.
Sin ser humorística, la novela muestra
una considerable ironía (sutil, pero constante), que se despliega desde las entradas
del diccionario y los comentarios editoriales hasta las escenas íntimas. Unas
veces, un simple término en medio de una frase solemne (Recordó la llamada
de Dámaso, sus rodeos, su tonito amigable); otras, una referencia envenenada
a las fisuras del discurso dominante (La ingeniería jugaba su papel en la
épica oficial: el país estaba en obras, esa era la obra. Desarrollo industrial
e infraestructuras hidráulicas. Motores para el discurso, agua para el olvido).
AN pretende desestabilizar, mediante el
humor, los significados, mostrar que una palabra puede, también, ser otra cosa
(un desvío, una hormiga o una cabra). Momento hilarante sobresaliente resulta
la reproducción de uno de los cuestionarios sobre las condiciones de las
bibliotecas reproducido en la página 102, que deja constancia del uso de la
lengua para el emisor y para el receptor.
Además AN
inserta fragmentos del trabajo de confección del diccionario, no como
citas eruditas, sino como fragmentos del flujo de conciencia del personaje. Algunas
definiciones aparecen entre recuadros de líneas negras, con una tipografía
distinta, como si el propio libro se abriera para dar lugar a las fichas de MM: por ejemplo, la RAE definía autoridad
como poder del padre sobre los hijos, ella intercala una versión más ajustada
y colectiva. Este guiño gráfico, además constituir es un acto de convicción en
el lenguaje común, pretende establecer también un pronunciamiento lingüístico y
sociológico: utilizando una grafía diferente, se pretende proclamar la posibilidad
de otros modos de leer y entender el mundo. En las fichas que ella redacta, con
cierta combinación de precisión y porfía no solo redefine términos, sino que,
en la versión de AN, se rebela implícitamente
contra el orden simbólico del mundo.
Su diccionario, a diferencia del de
la RAE (rígido, normativo y excluyente), es inclusivo, contextual, y
especialmente atento a las formas verbales femeninas: fija el uso de las
palabras, al mismo tiempo que registra lo que se ha omitido, lo que aflige, lo
que restringe: madre pasa de ser una hembra que ha parido a ser mujer
que tiene o ha tenido hijos, incluyendo también la adopción y la pérdida. Así,
AN pretende que cada definición (por él
seleccionada con evidente intención) conlleve una historia personal (que se
filtra entre líneas), como si cada ficha fuese una forma de escribir la propia
memoria familiar.
INJUSTICIA Y FRUSTRACIÓN
Lo que ocurre es que cuando el peso
de la trama se ejerce sobre un proceso de elección, la visita amplía,
entonces, su campo de referencia en el universo de la novela. Son dos los que
hablan, pero tras ellos hay más personajes en juego. Está, en primer lugar, el
elegido: Emilio Alarcos, un candidato que puede ser un hombre no marcado
ideológicamente (aunque con fama de rojillo) pero, desde luego, para
nada una figura insustancial en el mundo de la lingüística. Además estaba
también el otro aspirante, el poeta José García Nieto, tampoco precisamente
un don nadie. Asimismo están los partidarios de una y otra candidatura: Samuel
Gili Gaya, Antonio Tovar, Manuel Halcón o Camilo José Cela
(en reiteradas alusiones despectivas), entre otros, de la candidatura de Alarcos; y Rafael Lapesa o Pedro Laín
Entralgo, a su favor. Apariciones que no pasan del nombre y posición
adoptada.
Por tanto, aquí la cuestión que la
lectura del libro plantea es si, como AN
asume sin ambages, MM no ingresó en la RAE
por ser mujer o, sustentando el mismo argumento, si de haber entrado habría
sido precisamente por ser mujer (como parece dejar ver en el caso de Carmen Conde Abellán), pues, sin duda, hoy habría
entrado por la puerta grande. Lo cual, junto al tono de frustración que se pone
de manifiesto en varios pasajes del libro, unas veces de forma directa y otras
a través de la ironía soterrada (Qué tontería, ¿acaso el juicio ajeno le
importaba tanto? Claro que no. Sí. Para nada. Por supuesto), hace que sea
este el hito central de la novela y, por tanto, de la vida del personaje.
El otro eje central es la obra de
su vida (que respalda al otro: la injusticia), el monumental Diccionario de uso del español. AN hace que la vida de su protagonista se vea
inundada por las palabras de manera que su diccionario era una casa dentro
de la casa y todo gire en torno a la obsesión que supuso su confección. Diccionario
que, cuando se publicó, reemplazó en el uso cotidiano popular a la consulta del
diccionario de la RAE, que el autor plantea como una triste venganza por el
hecho de que a MM una mayoría suficiente de
académicos bloqueó su acceso a la Real Academia en 1972 impidiendo que fuera,
como les ocurrió a otras escritoras antes, la primera académica. Esa injusticia
(y su consecuente mala conciencia) son las que, según el autor, llevan a la
Academia a concederle, un año después, el Premio Lorenzo Nieto López, que MM rechazó (así como cualquier posibilidad de
volver a postularse candidatura de ingreso en la Academia).
A AN
el Diccionario no le parece
suficiente, posiblemente porque para sustentar la escritura de un libro no lo
sea, y estructura su novela en torno a esa idea de la injusticia que, desde su
punto de vista, la RAE cometió con ella. Esto que en un ensayo requeriría un
análisis escrupuloso sobre el rigor técnico del Diccionario
en sí, despojado de la épica de que haya sido elaborado al amor de una mesa de
comedor o entre papelotes de la Biblioteca de Industriales. Las opiniones al
respecto no son unánimes: para muchos especialistas no lo tiene, ya que se le
achaca carecer de criterios sólidos y de la exhaustividad necesaria para que pueda
ser tomado como un documento científico.
Lo cual no parece descabellado, por
cuanto la afición de una única persona a lo largo de los años cambia, se
enriquece con lo ya hecho y va cambiando de objetivo. Porque un diccionario de
uso es precisamente lo que su nombre indica, pero los usos son muy diversos
según los países, zonas e incluso personas. «Majadero» significa según
la RAE «necio, porfiado» y según el Moliner «se aplica con desprecio o enfado a
una persona falta de formalidad o de sensatez, o que molesta por su
indiscreción, inoportunidad, pedantería, etc.» pero hay quien usaba el adjetivo
de otra manera, defendiendo el suyo como el verdadero significado, así en Cuba,
por ejemplo, tiene más que ve con el fastidio constante o la inconformidad
exagerada: «Este niño está muy majadero hoy» (si está muy llorón o
caprichoso).
En todo caso, la controversia sobre
la mirada histórica es una de las críticas más generalizadas: se ha debatido si
su no ingreso fue realmente por ser mujer, como el enfoque de la novela
establece, o por otras dinámicas de la época.
LIBROS Y SILENCIO
En ese sentido, Hasta que empieza a brillar no pretende ser
sólo un homenaje y un acto de restitución a MM,
sino también una toma de posición en la memoria cultural contemporánea, por
cuanto supone una triple mirada en torno a la figura de MM: (1) el papel de la mujer en la sociedad a través de una
protagonista; (2) el dramático devenir de la vida pública española a lo largo
del medio siglo (1925-1975), pues la trayectoria vital de MM proporciona la oportunidad de proyectar una
cierta mirada (la de AN) sobre cuestiones
capitales del pasado reciente; y, por último, (3) el mundo de las palabras
desde el archivismo, la filología y la lexicografía.
La literatura permite configurar un
universo que combina hechos con ficción y el análisis con un propósito definido.
La propuesta de AN se articula sobre un
argumento que se pretende muy sólido: la relegación de una mujer en su labor
intelectual por su género en el marco de una sociedad que además de su carácter
patriarcal, lastrada por el terrible legado de la guerra civil, se caracteriza
durante décadas por estigmatizar al bando perdedor, supone un sólido fundamento
para su denuncia.
Para AN,
la vida de MM ejemplifica la historia de
millones de mujeres de su época que solo pudieron dar cauce a su vocación en la
trastienda de la vida pública. Además, el escenario de marginación no solo provenía
de su imposibilidad de acceder a una esfera profesional monopolizada por
varones, ni de las labores delimitadas en las tareas y responsabilidades domésticas,
sino también de la política, elemento de exclusión y de dolor para ella y para
su marido (observadores siempre de un compromiso cívico) por las depuraciones
franquistas a funcionarios públicos afines a la República. Por lo que la
denuncia autoral, partiendo de un personaje de novela, se extiende a la
historia de un país oscuro, represor, vengativo, cerrado, que cambiaba muy lentamente.
Todo pues, depende de la credibilidad del narrador y de su encaje de premisas,
tesis y argumentos.
Sin duda el Diccionario de María
Moliner fue motivado por una pregunta: ¿Por qué la lengua debía
adoptar un registro impostado? Como respuesta MM
buscó significados que enlazaran las palabras a la realidad, abandonando la
visión comprimida y confusa que encontraba en el Diccionario
de la RAE. Pero, la cuestión, ateniéndonos a la novela, es si lo
hizo en oposición o rebelándose contra la RAE. En consecuencia, la
cuestión subsiguiente estriba en si tal avance para el conocimiento y el
vínculo con la lengua fue para MM una forma
de resurgir, después de que le quitaran todo. Porque una y otra vez la novela
insiste en los silencios que fue capaz de soportar y contra los que, en esta
versión de su vida, escribió su diccionario.
Los caminos ficcionales que ha
utilizado AN se manifiestan mediante la
cuidadosa fundamentación de cómo la vida la fue golpeando y arrinconando y su
manera de enfrentar el desgarro, de tal forma que resulte asombroso ese
esfuerzo por resurgir del silencio familiar, de la desatención del sistema. De
forma que, el antes y el después del diccionario, se convierten en los dos ejes
de la novela. Los libros y el silencio.
Porque Las misiones cumplidas,
pensó, se parecían un poco a la muerte. Después de tanto esfuerzo, de tanta
actividad, la quietud posterior a la tarea concluida fue dramática: en el
horizonte, las metas se convirtieron en un barco hacia el olvido. El vacío de
la ilusión también hizo mella en el lenguaje, y ni siquiera el cuidado de los
geranios (el recurrente doméstico que se reitera de principio a fin) ni la
corrección de la obra pudieron contra el imparable desarrollo de la
arteriosclerosis. Una reflexión sobre la memoria y el lenguaje y su deriva
vital hacia el silencio. Algo que Inmaculada de la Fuente, ya dejaba
claro en su biografía El exilio interior. La
vida de María Moliner (2011): «La felicidad que le proporcionó la
publicación de su Diccionario fue intensa. En cierto modo, fue volver a vivir,
o renacer, como dice Zambrano. Pero esa dicha le duró poco más de un año en un
sentido pleno». Precisamente, como se ha dicho, la manera en que AN consigue plasmar esta etapa tremenda de la vida
como una hermosa y sombría estampa de la existencia, constituye a buen seguro lo
mejor de la novela.
EN CONCLUSIÓN
AN, partiendo de la idea de que las
palabras son resortes y un diccionario es una autobiografía velada, recorre los
momentos más significativos de la vida de MM
e intenta reconstruir su imagen y ofrecer una cierta semblanza: su idea de la
lengua, su relación con su tiempo (y con el tiempo), su persistencia
ante la intolerancia del sistema, su herida, su lengua vaciada. En un intento
así, la cuestión radica en la mirada con que se evoca esa semblanza. Su MM viene caracterizada como una mujer fuerte y el
autor insinúa que tal fortaleza (no dejó de intentarlo, a pesar del silencio y
la violencia) se sustenta en la consecución de un lúcido equilibrio entre vida
doméstica (el riego de geranios) y trabajo intelectual (las fichas y apuntes).
Ya desde el contundente comienzo: María
se acomodó el pelo: vivía despeinada, se afirman dos ideas que se
desplegarán durante toda la lectura. (1) MM
fue una mujer rara y dispuesta a ejercer su libertad con todo el cuerpo. (2) Las
palabras contienen todo el potencial de la vida. AN
articula un relato con espontaneidad y ternura, dibujando tras el personaje, a
una mujer casi como cualquiera. Pretendiendo evitar los tópicos, perfila una
mujer vitalista y atrevida. Una mujer cuya principal virtud residió en la
resolución de no claudicar en su voluntad en un mundo de hombres, ni siquiera
en los momentos desgarradores (que los hubo, como en toda vida): En vez de
esperar que le volvieran las fuerzas, se aferró a sus ocupaciones para ver si
volvían. AN intenta tender puentes entre
realidad y literatura, entre presente y memoria, y en este caso reduce la
distancia temporal y mira con ojos de ahora los desafíos de la vida de una
persona del ayer.
Así, cuando dice que MM piensa que un diccionario tiene la última
palabra. Y eso era imposible, el lector comprende que tal imposibilidad no significa
un fracaso, sino que se constituye en una deontología. MM
escribe el diccionario durante más de 15 años, pero no en la cocina,
sino en el salón. Según AN, porque no tenía
un despacho (pese a que el de su marido apenas lo utilizaba los fines de
semana cuando volvía de Salamanca. Jamás se les ocurrió que ella podría
utilizarlo) y porque allí estaba la mesa grande, pero sobre todo porque,
desde el punto de vista del escritor, un diccionario como el suyo exigía la estela
de lo cotidiano. Pues AN defiende la vida
doméstica como parte de la experiencia intelectual (el cuidado de los geranios
y la definición de las palabras como parte de una misma búsqueda). Además, no
lo confecciona sola: AN, en el proceso de
escritura del diccionario, se detiene en quienes la acompañaron y colaboraron
con este proyecto. Introduce así otra de las tesis autorales: toda escritura es
resultado de una conversación, de una pregunta colectiva, aunque se escriba en
relativa soledad (ruptura con el tópico de que la escritura es soledad formulada
en otras obras).
En
suma, partiendo de que toda ilustración de una vida supone un acercamiento al
lenguaje, se ha de tener en cuenta que las palabras vienen filtradas por la
propia naturaleza del lenguaje y, por supuesto, por el emisor que las escribe, de
tal modo que el análisis de una vida, de una identidad, se ve afectado por ese
filtro. Esta reconstrucción del personaje de MM proporciona
una versión que va desde la niña curiosa a la mujer madura capaz de rectificar a
la Academia, pasando por los estados intermedios de joven atrevida y adulta valerosa.
La persona queda así oculta tras estos perfiles. A ello se añade la insistencia
en las tremendas dificultades que la autodeterminación femenina ha encontrado
siempre, configurando, así otro potente distorsionador de la mujer y su vida, contempladas
con unas gafas muy específicas. Y esa mirada del autor no se relata en la trama
de forma que el lector la pueda observar a través de la acción, sino mediante
la apreciación reiterada del narrador. Todo lo cual estaría perfectamente justificado
en un ensayo sobre la figura del personaje histórico, pero, elegido el formato
de novela biográfica (que, como toda elección, no es ingenua ni baladí), se
puede decir que AN no se traslada en el
tiempo para visitar a MM, sino que trae de
visita a su casa a la autora.
«Tenía
la sensación de que nada quería decir lo que estaba diciendo, de que vivía en
estado de ficción lingüística»

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