«PERSONAJE SECUNDARIO»Sofía Balbuena (2026)
UNA ARGENTINA PARA UN PREMIO
Lo primero que he conocido de Sofía
Balbuena ha sido que ha ganado la IX edición del Premio Ribera del Duero de
Narrativa Breve celebrado este año. Se trata de un concurso bienal creado en
2008 y promovido por la editorial Páginas de Espuma y la Denominación de Origen
Ribera del Duero, dotado con 25.000 euros y la publicación del libro en ese
sello. En esta edición ha recibido 1.929 manuscritos de 36 países que han sido estimados
por un jurado presidido por Juan Gabriel Vásquez y constituido, entre
otros, por Marcos Giralt Torrente, Samanta Schweblin, Guadalupe Nettel,
Nuria Barrios, Paulina Flores o Magalí Etchebarne, el editor Juan
Casamayor y el presidente del consejo regulador D.O. Ribera del Duero, Enrique
Pascual. Si, además, entre los premiados en ediciones anteriores figuran Marcos
Giralt Torrente, Guadalupe Nettel, Samanta Schweblin, Liliana
Colanzi o Magalí Etchebarne uno puede darse conjeturar la
importancia del premio y de la calidad de la obra premiada.
Sofía Balbuena (SB)
nació en Salto, (provincia de Buenos Aires, Argentina) en 1984. Licenciada en
Ciencias Políticas (UBA), Máster en Creación Literaria (UPF), Máster en
Literatura Comparada (UAB) y MFA en Escritura Creativa de la Universidad de
Iowa, para lo cual recibió la beca Iowa Arts Fellowship. Ha
trabajado en la administración pública, concretamente en el Ministerio de
Economía y Finanzas Públicas argentino, como librera en Lata Peinada en
Madrid, correctora y lectora editorial. Actualmente es escritora y trabaja como
profesora de escritura creativa en Madrid, donde reside. Es autora de los
libros de ensayo Doce pasos hacia mí,
Borracha menor y Gente
sin paz (con Sabina Urraca y Daniel Saldaña París) y la
novela Sutura.
SB inició estos cuentos precisamente
mientras cursaba un MFA (Master of Fine Arts) en Escritura Creativa en
Iowa: «Ahí escribí dos cuentos y medio. Y retomé el libro el pasado verano.
Quise explorar un cierto binarismo, un universo en relación, un dúo que desea
estar junto pero por distintos motivos». La decisión de escribir relatos y arriesgar
en la ficción de forma breve ha llevado a SB
a otro nivel como escritora, alejada de la autoficción en la que había
trabajado hasta ese momento: «Estos cuentos me han permitido desarrollar el
mecanismo de la imaginación.»
MUJERES AL BORDE…
Los protagonistas de estos cuentos
son personas emigradas, parejas, jefes, amigos que, aunque de entrada serían
personajes secundarios, su proceder les convierte protagonistas de las narraciones
de que forman parte. Son principalmente (por no decir, exclusivamente) mujeres,
que exhiben muchos comportamientos y actitudes generalmente excluidos del
relato literario habituado a fijar la atención en las actuaciones masculinas, asignando
a la mujer los papeles secundarios. En efecto, SB
sitúa a la mujer como protagonista de cada texto, reflejando sus miedos ante la
maternidad, en la relación matrimonial, en el deseo por un hombre condicionado
por la crianza común como si fuera de su misma familia, la delectación del sexo
con otra mujer, la desconcierto de instalarse en un ámbito urbano que no es el
suyo, o en la complicidad con un grupo de amigas ante las que no cesan de aflorar
inseguridades y preguntas.
Porque SB
no concibe escribir nada que no tenga que ver con lo que le pasa a la
mujer. Pues la escritura es un proceso que resulta «costoso y es complicado
y para mí no vale la pena escribir sobre cosas que no me obsesionan».
Con una refinada dureza íntima SB plasma ese animal interior que abruma
o exalta, según el día, que apoya o que debilita, y que aquí condiciona
a sus dubitativas protagonistas, predispuestas a todo tipo de miedo aunque con
ganas de vivir a tope. Las mujeres de los cinco cuentos pasan por momentos de penetrante
autoanálisis puesto de manifiesto mediante un monólogo interno o un diálogo con
amigas sobre sus relaciones amorosas, que siempre se muestran asimétricas: una fluctuación
de impulsos, emociones y pensamientos que replican las convenciones afectivas
que supone ser mujer en el mundo de hoy: los vulnerables protagonistas de estos
relatos aparecen captadas en momentos de epifanía, de emociones breves pero intensas,
que les permiten comprender algo de sí mismas y de su situación en el mundo.
Se trata de mujeres normales y
corrientes con vidas ordinarias, anodinas. Que, a menudo, gravitan en torno a
algún otro personaje que se constituye en el protagonista de sus vidas: «Mis
protagonistas se ubican en un lugar secundario en sus propias vidas y el libro
va un poco sobre eso. Este movimiento hacia el costado, esta inclinación a
empequeñecerse o salir del cuadro porque la mirada está puesta afuera de una
misma».
…DE FINALES REVELADORES
En cada cuento, las protagonistas se
dirigen, entre lo cotidiano y lo intenso, hacia finales tan imprevistos como
reveladores. En efecto, SB va introduciendo
de forma sutil, encajadas en la monotonía de lo cotidiano, unas imposiciones
que van desde un embarazo imprevisto a unas aspiraciones académicas en ciernes
o un injustificado cambio de dinero. Pero, propasando lo rutinario, sus
contornos se van dilatando a medida que avanzan los relatos hasta quedar
abocados a un súbito final: parece que no tienen escapatoria, que no hay otra
salida que la forjada en ese mundo íntimo y turbador; sin embargo, el final se decide
tras un brusco giro intuitivo. En contraste con el descaro, el desgarro y hasta
humor de sus acciones, ese giro inesperado contiene una indudable aceptación:
son mujeres que se conforman. Quizá porque el mundo aún sigue siendo así, como
el propio título, Personaje secundario,
que inicialmente adoptado como provisional finalizó consolidándose.
Barcelona, Madrid, Buenos Aires o Iowa
City (Estados Unidos) se erigen en escenarios de unas historias que constituyen
una pequeña representación desubicada y apátrida que trasmite esa sensación, que
todos hemos tenido alguna vez, de no estar donde se debería estar. De
hecho, son protagonistas en tránsito, establecidas en una ciudad que no es la
suya pero que las lleva a estar siempre pendientes de lo que dejaron al otro
lado. Estas localizaciones son lugares que ella, desde hace años residente en
España, conoce bien, y que, más que pretender conformar un cierto
cosmopolitismo, pone de manifiesto la rabiosa actualidad: esos desafíos
constantes de estos tiempos que exigen plantar cara la inestabilidad, asumir la
incertidumbre (que alberga tanto posibilidades como problemas), moverse en un
contexto alterno de inmovilismo y libertad.
Cuentos independientes y autónomos
tienen, con todo, el carácter de un sistema de vasos comunicantes, pues como apuntó
Juan Gabriel Vásquez «Tobias Wolff decía que un buen libro de
cuentos era como una novela en la que los personajes no se conocen entre sí, y
eso ocurre con esta obra de Sofía Balbuena.»
ARQUITECTURA Y ESTILEMAS
Esa corriente emocional se sostiene
con el uso de un tono arriesgado y con el lenguaje, que genera una atinada y
precisa prosa, trufado de palabras procedentes del ámbito argentino que confieren
para el lector español una sonoridad distinta a estas páginas, salpicadas
también por un humor integrado con fluidez en la narración, pues ni distrae ni interrumpe,
sino que más bien atenúa y desde la sonrisa que provoca, aporta a los
personajes una sensibilidad que, pese a que SB
ha pretendido presentarlos como secundarios, les da un pulso íntimo, una
personalidad singular y atrevida que les confiere el aura de protagonistas.
Porque, en este primer libro de
cuentos, la escritora describe un «universo moralmente complejo». Con
esa escritura incisiva perfila un variado elenco femenino y explora la compleja
realidad de la mujer contemporánea: cada relato construye ese universo ajeno al
corsé narrativo predominante y escruta el amor, la amistad y las convenciones
afectivas del mundo actual.
La obra se estructura en cinco
pequeños relatos, guarda una cierta fórmula circular, pues comienza con un
embarazo y finaliza con otro: en palabras de Vásquez: «Personaje
secundario tiene una arquitectura muy astuta, los cuentos que reúne conversan y
se enriquecen». Escrito en tercera persona, a veces parece asomar la
personalidad autoral: en esas escenas o chispazos que a menudo generan la
historia («todo parte de una chispa»), como la anécdota del cambio de
dinero, algo que provocará su característico desarrollo («discontinuo»).
Dotada de unas evidentes aptitudes de observación, SB
ha acometido, en estos cuentos, unas episódicas incursiones en las vidas
(privadas, pero no ajenas) de algunas mujeres que, de distintos modos y por muy
diversos caminos, retratan la insatisfacción difusa que caracteriza la
psicología del mundo actual: «Desde la tercera persona entré en ese infierno
interno que llevamos dentro muchas mujeres y que no mostramos para que no nos
tilden de ruidosas, fanáticas o locas. Es lo que se vive adentro, lo que una
muerde en silencio, ese personaje secundario de nuestras vidas al que alude el
título».
Con las dosis precisas de humor
para aliviar esa agitación, para tomar la distancia necesaria para que esa
observación no caiga en la indignación o la frustración a la que tan
habitualmente parece someternos nuestra realidad, cada vez más confusa e
inhóspita para las personas. consiguiendo así «algo muy divertido y muy
emocional» tal como ha expresado Paulina Flores. La ironía como un
sutil hilo conductor para presentar la esencia de los relatos: las tramas, los
conflictos personales, la densidad de los personajes y sus motivaciones.
Estas protagonistas que se cuentan
historias para aplacar su insatisfacción y el peso de las decisiones impuestas,
al final del día se encuentran con que ese ruido interno, el monstruo
que menciona SB, no es sino la constatación
de que el miedo no proviene de los sentimientos personales o de la soledad,
sino de la inquietante sospecha de que, al haber cedido tanto, una ha terminado
por convertirse en actriz prescindible de su propia historia, en ese personaje
secundario de la historia de otro, de la vida de otro. La sensación de no
estar exactamente donde se debería es la que más se describe y resalta
en estos cinco cuentos largos.
La identidad (en medio del ajetreo
social, laboral y también, y sobre todo, íntimo), la (relativa)
inseguridad o la irrelevancia (que unas pretenden y a otras exaspera), son
temas con los que se van mezclando otros igualmente relevantes: las intrusiones
del pasado en el presente (que aparecen de golpe o son rememoradas por las
protagonistas), la economía (mejor dicho, la precariedad), las angustiosas
cavilaciones sobre lo que se ha hecho con la propia vida o aspectos más
políticos dado que «los personajes necesitan encontrar cierto alivio en
conformarse», rebelándose así, de alguna manera, ante la idea del triunfo y
el éxito (pues como como ha advertido Paulina Flores, se trata de «mujeres
que mantienen a sus parejas, algo muy latinoamericano»).
Como corolario, dado que cada uno de
los relatos ofrece una perspectiva sobre la proyección de lo femenino en la
sociedad, SB no deja de constatar cómo tal
proyección tiene mucho que ver con los procesos migratorios que definen en buena
parte el presente.
CINCO CUENTOS LARGOS
En todo libro de cuentos suele
buscarse una unidad o un mensaje común, y destacar o fijarse en los detalles que los vinculan (aquí:
las narradoras femeninas, mujeres en crisis o en transición, inseguridad,
comportamiento impulsivo...), olvidando lo que los distingue y caracteriza (los
diferentes puntos de vista, los registros variados, los cambios de nivel –espacial,
temporal, lingüístico, social, económico, discursivo o anímico– y el tono
peculiar que hace a cada uno creíble, próximo, relativamente afable –en su manifiesta
agresividad–, o incluso divertido en su acritud).
Esta suerte de elenco femenino lo
conforman: una madre que se pregunta si habría sido mejor no serlo; una mujer
que ante una petición desusada de su marido rememora un tormentoso pasado con
una pareja del otro lado (oscuro) de la ciudad; una pareja de profesoras
que compiten y se acompañan con la misma intensidad; dos adolescentes unidos
por un vínculo casi familiar que dependen uno de otro más de lo que quieren
reconocer mientras buscan formas de escaparse de su destino; un grupo de amigas
en Madrid obsesionadas con que una de ellas decide tener un hijo con un tipo
que conoció en Tinder. Todos ellos, personajes que no quieren o no pueden huir-
Los dos primeros cuentos fueron
concebidos en Iowa, mientras estudiaba un máster de escritura creativa, y una
vez habían tomado forma y con la convocatoria del Premio Ribera del Duero a
unos pocos meses, terminó de dar forma a los otros tres textos desde Madrid.
Dado que los cuentos son, entre sí, más distintos de lo que de lo que puede
parecer (y que lo apuntado hasta aquí podría dar a entender), merecería cada uno
su propia reseña, como los textos independientes que son. Como eso exigiría un
mayor desarrollo, nos conformaremos por apuntar de cada uno de ellos algunos
aspectos que me han llamado la atención.
CUENTO A CUENTO
El libro se abre con una cita de Pappo,
rockero argentino considerado el hombre del blues en Latinoamérica, que
ya es una declaración de intenciones, pues la ligazón entre las formas estadounidenses
y la cultura argentina caracterizan el libro, referentes incluidos: Raymond
Carver, Alice Munro, Amy Hempel o Lorrie Moore, por
una parte; y Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y sobre
todo, con Manuel Puig, por el otro.
1. LA MEJOR PERSONA
DEL MUNDO
Este primer relato contiene un
sarcasmo secreto en su título, que recoge toda la ambigüedad, la contradicción
y la incoherencia de una vida que, sin embargo, se antoja casi previsible. No
es frecuente encontrar un testimonio tan perfilado y certero de lo atractiva
que puede llegar a ser cierta inmoralidad, de la sinceridad inofensiva que
puede haber en lo que se oculta.
Ser trata de una reflexión temporal
y lejana sobre la maternidad, el salto migratorio, los intelectuales orgánicos
en búsqueda de la escasa estabilidad que supone el estudio de las humanidades y
la relación de pareja. De Buenos Aires a Barcelona: las lecturas, los euros, el
máster y el doctorado (junto a la compleja burocracia). Toda una espiral de
pasión y espera. Mundano, cotidiano, concreto material (empleos precarios,
empanadas, limpieza) y altura universitaria. Marca instantes, con una niña y
una pareja, con el sexo y el amor, entrecruzados. El tiempo se mueve en una
dirección, pero los sentimientos y las pasiones se atraviesan de manera
vertical. Parques sucios, niños sucios, deseo inmediato, de alimento y de
pasión. La esperanza tiene nombre de niña y el futuro es una pareja en paradero
desconocido.
La historia narra las vivencias de Florencia, una joven argentina que cursa estudios
en Barcelona y que conoce a un chico (innominado: él)
del que queda embarazada al inicio de su relación. El embarazo se le vino
encima (p- 14) y, a partir de ahí, empiezan las dudas, la tensión entre el
deseo de tener el hijo y los miedos. Pensó: es una forma de quedarse, como
cualquier otra, quizás más barata. Se quedó, la tuvieron. (p. 14).
Relatado desde un presente, que
abre el cuento, en el que la hija, también llamada Florencia
(¿símbolo de la persistencia del problema femenino?), a punto de cumplir
ya 6 años y está con su madre (que no deja de pensar en el estado de su
relación de pareja) en un parque (dando la tabarra a unos viejos que juegan a
la petanca) mientras esperan a su padre. Ese presente rápidamente da paso a la
revisión del pasado hasta ese momento. Comienza, como se ha visto, con el
embarazo no deseado y, a partir del nacimiento del bebé, se van relatando
mediante largos párrafos cada uno de los años transcurridos, desde el primero
hasta el sexto (que es ahora, el presente narrativo), cuando Florencia tiene casi 6 años y donde se retoma el
parque, los viejos y la llegada de él.
El devenir de la mujer durante esos
años se puede resumir así: un primer año de cansancio, pero de tranquilidad por
tener al bebé cerca, conocer a otras madres y compartir experiencias con ellas.
El segundo, él quiso hacer el doctorado, mientras ella se quedaba en casa con
la niña: hizo todo lo que pudo para apoyarlo. (p.17). Empieza a trabajar
y como el sueldo se le iba en el metro, se compra una bicicleta. Un día en el
trabajo, inopinadamente, tiene sexo con su jefe, y, tras los 3 meses de prueba,
no le renuevan el contrato. El tercer año cambia de trabajos y piensa en sacar
el doctorado y le pide a él que hable con su directora de tesis, pero las
cuestiones se demoran… Vuelven las dudas existenciales. Ella cada vez se
ocupaba de más cosas y él de menos, aunque se siente vacía y triste y se
acuerda de cómo la tocaba antes de parir a su hija (p. 22). El cuarto,
intenta entrar en el doctorado, pero no lo logra y lo oculta; trabaja de mesera
(camarera), trabajo que nunca había querido (le parecía de bajo nivel) pero que
le soluciona el dinero y estar ocupada. Sigue aceptando que pensar antes en él
que en ella misma es lo propio (p. 25), al tiempo que va gestando un cierto
resquemor comparativo y rememora como siguió cogiendo con su jefe, como
se masturbaba en vídeos por los que pedía dinero, aunque no creía que el
amor que le tenía se midiera ahí, ella sabía que a él lo quería (p.25). El
quinto entra al doctorado sin pedir ayuda: Él estaba terminando y ella
empezaba. (p. 26), y vuelve a los mismos pensamientos sobre su relación de
pareja (¿qué hubiera pasado si…?). Empieza una vida fuera de casa: Ella
creía que le estaba devolviendo los años en que la que había estado siempre
alerta era ella (p. 28), aunque se imaginaba que la seguía desando. Un día
él le dijo que tenían que hablar y ella, temiéndose lo peor, le da largas. En
el presente, mientras, insegura, busca una salida vuelve a preguntarse las
mismas cosas. Y así deviene el final cuando ambos hablan. Cinco años en
Cataluña, seis de maternidad indeseada. La frase con la que Balbuena termina el
cuento actúa de lápida y duda: Te imaginás que no la hubiésemos tenido
(p. 32).
A lo largo de los años aparece dos
elementos narrativos con un marcado carácter simbólico. Uno es la continua
referencia, año a año, a los cinco mil euros que ella había puesto para la
fianza de la casa, elemento que empieza viendo como una deuda que él tenía con
ella, para pasar a verlos como un seguro de vida comprometido por los
desperfectos de la vivienda, y terminar por considerarlos un cuento chino
que le sirve para explicar el presente y para acabar pensando que o bien ya no
queda nada de ellos o si queda algo ya su valor ha menguado. Clara metáfora de
lo que va pensando sobre su vida y su relación afectiva. El otro es esa
comparación de sus vidas con un imán de nevera de un viaje ajeno (prefiguración
de la metáfora del personaje secundario), es decir un recuerdo del viaje de
otros.
Todo eso, además de la reiteración
de fragmentos narrativos y pensamientos, junto a la insatisfacción
pretendidamente desagraviada mediante el sexo configuran un texto que va mucho
más allá de la maternidad cuestionada.
2. AVENIDA RIVADAVIA
También aquí aparece esa
insatisfacción que habita en el sexo y el amor, viciada por un pasado agitado y
sin la defensa de un futuro que se augura similar. Un cuento que proyecta la
insatisfacción con fisonomías distintas: marido, compañeras, autoridad. Solo la
paz consigo misma trae el descanso, lo que no deja de ser una chocante manera
de admitir la aceptación (por no decir, la derrota).
El relato, protagonizado por una
mujer cuyo nombre no se menciona en ningún momento parte de la evocación,
quince años después, de un exnovio llamado Martín
y de la petición por parte del su marido de un cambio de dinero. Todo ello
mientras ella está trabajando en la oficina donde ejerce de secretaria en un
día de huelga general en Buenos Aires. Por una parte la inopinada petición del
marido desata las elucubraciones sobre el motivo por el que necesitará el
dinero, llegando incluso en pensar en una infidelidad conyugal. Por otra, la
evocación del tal Martín va encadenando recuerdos
cada vez más detallados de lo que fue y supuso esa relación. Concretamente
supuso el paso de una frontera social simbólicamente ostentada por la Avenida
Rivadavia del título, pues mientras ella era hija de una familia pudiente (la
figura del padre provisor recorre el relato) que vive en el lado próspero y
acomodado de la ciudad que limita la Avenida, Martín
pertenece al lado depauperado y pobre. Así esta relación socialmente asimétrica
le resultaba tan atrayente como dañina (con embarazo indeseado y aborto
subsiguiente). Todo ello mientras está sola en la oficina (sus compañeras no
han ido por el paro) con su nuevo jefe, lo que sirve también para evidenciar su
faceta laboral y posteriormente la relación con sus compañeras. El papel de
ella en el proceso de relación con su marido, de alguna forma, constituyó en
sus inicios también repitió un poco el esquema de la primera relación, pues él
estaba por debajo de su nivel social y monetario, y ella se ocupaba de él (Disfrutaba
de sacarle el turno con la pedicura si se le encarnaba una uña, prestarle el
auto y salir con sus amigos –p. 36–), mientras que él se ha venido ocupaba
de la casa, pero con el paso del tiempo ella considera que él se ha ido
alejando.
Desde el punto de vista estilístico
otra vez la acción se sitúa en un presente, en este caso más prolongado en el
que se van intercalando recuerdos y pensamientos íntimos: de hecho en numerosas
ocasiones un mismo párrafo contiene pensamientos, recuerdos y acciones. Las
coordenadas espacio-temporales sitúan el cuento en la convulsa Argentina, en aquel
momento de los cambistas de 2002, cuando cesó la falsa paridad y los dólares se
guardaban bajo el colchón. La llegada del apocalipsis financiero.
El urbanismo de Buenos Aires actúa
como un personaje más: Plaza de Mayo, el barrio del Once, Hipólito Yrigoyen y
Avenida Pueyrredón. Las calles porteñas, sus barrios, como un elemento
orgánico: la oscuridad cartonera más allá de Avenida Rivadavia. Martín se hace esperar, su
marido también, el barrio del Once, los judíos, el Hospital Francés... En
el sentido narrativo destaca el momento en que en su deambular por la ciudad
empieza a oscurecer y la mirada con que ella la contempla y asocia su estado de
ánimo y la relación matrimonial con esa visión ominosa de la noche en la
ciudad: Ojalá me violen y me maten piensa, ojalá me violen y me maten de la
forma más espantosa y él se arrepienta toda la vida de no haberme contestado el
teléfono (p. 44).
El cuento finalmente, está
centrado, de nuevo, en las relaciones: con el
marido, con Martín, con su jefe (Augusto, el otro personaje que tiene nombre), con
el padre, con sus compañeras de oficina. Lo curioso es que todas las relaciones
con hombres se circunscriben a la dependencia: afectiva (marido), sexual
(Martín), laboral (el jefe), económica (el padre). Ella, en la duda, no hace
preguntas, se siente atraída por el pasado y por la autoridad, su jefe, su ex… Sólo
con sus compañeras supera esa dependencia y se siente, incluso, superior (experiencial,
intelectual y laboralmente).
3. TSUNAMI
Este tercer cuento, un relato de
campus, es el que, al final, contiene la explicación del significado narrativo del
título del libro, cuando la protagonista se pregunta preguntarse si en
realidad ella misma era no más que un personaje secundario, un decorado,
alguien que pronto sería olvidado por todas en la ciudad. (p. 73).
Esa protagonista que, por otro
lado, semeja una combinación de las de los relatos anteriores, aunque
completamente distinta. Asentada en la Universidad de Marlow City, inventada o
recogida de otros lugares, de otros elementos narrativos: mujeres, humanidad,
relaciones, alcohol y tabaco, el frío del ambiente. Y, sobre todo, esa soledad
consumida por la ansiedad emocional, a la busca de caricias, aunque sea de
manos distintas. Todo ello planteado a partir de unas novias a distancia,
temporal y geográfica, y de un sexo cambiante, discontinuo. El sexo como definición
de lo personal, que se presenta como un espacio propio más que de compañía: la
pareja resulta intercambiable, funcionando a niveles básicos de satisfacción.
El relato narra un X de la vida de Lorenza. Lorenza
es la última profesora en llegar a Merlow City: ciudad universitaria típica del
medio oeste de Estados Unidos, sirviendo como escenario de aislamiento y
desarraigo para los protagonistas. Reina, a
quien conocía de la universidad pues habían estudiado la misma carrera y tenían
amigos comunes, ya llevaba algún tiempo allí. De hecho fue gracias al perfil en
redes de Reina como se enteró de la convocatoria. Las dos eran lectoras de
español, enseñaban lengua, desarrollaban sus doctorados y los cursos de sus
especialidades. Así, poco a poco, en un proceso puntuado por distintos pequeños
detalles se va transformando en algo más, dado que para cuando empezaron a
acostarse ya habían inaugurado una vida juntas (p. 55). Los acuerdos y
favores mutuos se fueron incrementando tanto en el ámbito doméstico como
profesional, hasta que Reina obtiene una
beca de traducción y se traslada a Suecia. Hecho que mete a Lorenzana en un proceso existencial que va desde
la envidia inicial, al desarraigo, por el abandono, y a la tristeza, por la
soledad. Hasta que una noche de viernes acude a la reunión de las compañeras de
departamento en un bar. Allí bebe, fuma y se enrolla con otra compañera, Yael, con la que tendrá una relación basada en el
sexo (mucho más radical y osado que el habido con Reina).
El regreso de Reina por vacaciones de
primavera (que las llevará a realizar un viaje a México) y el alejamiento
silente de Yael lleva a Lorenza a la
reflexión, la intranquilidad y, en suma, el desvalimiento. Lo que le pasa es
que no sabe muy bien quién es si no viene definida por la mirada de deseo externo
y ahí está y ahí se queda, dando tumbos.
El cuento vuelve a referir la culpa
y el descubrimiento. Y, en paralelo a la historia de Lorenza,
aparece otra pista, otro detalle. la anécdota de las monjas sometidas al verano
del amor, a una revolución anterior (la del flower power): cuando
llegaron los años de la revolución sexual, los conventos habían cerrado, esas
propiedades habían sido reutilizadas por las iglesias y muchas de las ex monjas
se habían quedado en la ciudad viviendo en pareja con sus amantes. (p. 58).
Otra vez la sensación de que el tiempo pasa por encima de las personas: las
monjas (y las no monjas) en un pueblo, lejanas, aisladas (de Roma) de la voz de
la autoridad. La distancia como definición.
Finalmente
señalar dos aspectos interesantes del cuento que lo relacionan con el siguiente
(Mejores amigos). El primero se
relaciona con el final narrativo: ambos acaban con una separación, pero de
manera muy distinta, pues no queda del todo claro qué es lo que las protagonistas
van a hacer con lo que les pasa, aunque entienden algo y pronto habrán de tomar
una decisión: «hay algo que yo hice de forma deliberada que es no ir con mis
personajes hasta la encrucijada de la toma de decisión. Creo que para el libro
que yo quería escribir dejar a las lectoras con la tensión era mejor salida o
final».
El otro tiene que ver con el
registro lingüístico que caracteriza estos dos cuentos. Así como en todos los
cuentos aparecen términos y expresiones propios del habla argentina, es en
estos dos donde el registro se hace más patente. En este, que transcurre en
Estados Unidos y en el ámbito académico el texto está lleno de anglicismos que
se han establecido como términos coloquiales: on tap (cerveza de barril);
strap-on (consolador con arnés); stalkear (mirar el perfil
y publicaciones de otro en las redes sociales de forma discreta); faculty
(cuerpo docente o al personal académico de una universidad); for export (coloquialmente
y en sentido figurado señala que algoes tan típico o evidente que sirve para
ser exportado al mundo); target (objetivo, meta u objetivo); flower
power (ideología de la no violencia, el amor libre y la conexión con la
naturaleza); bullshit (decir mentiras, tonterías o algo carente de
sentido); spring break (vacaciones de primavera).
4. MEJORES AMIGOS
Esta vez SF
sitúa a sus personajes al norte de la provincia de Buenos Aires, en el calor
húmero de un balneario del interior. Dejando cierto regusto, en actual y
argentino, de El Jarama (1955) de Rafael Sánchez Ferlosio. El interior como
contraposición a lo urbano: «el interior y la provincia de Buenos Aires, de
donde yo vengo». Amigos, amigas, Clara y Nereo, una relación de luz en verano, de pubertad
y adolescencia, de aire sensual y pesado, de humedad que condensa sobre la piel
como lo hacen las hormonas. La fricción del viento en un viaje en moto que
define todo. Frenazos como elementos sensuales. Genitales y ropa. Al final, el
fútbol, como en otros cuentos el urbanismo, como personaje ausente, pero promisorio,
como agente de cambio (orgánico y geográfico). Irse. Marcharse a a Buenos
Aires, como paraíso lejano, como oportunidad de vida.
Clara y Nereo
son dos adolescentes (de 16 y 17 años respectivamente) que se criaron como
primos pero primos no son (p. 69). Han crecido sin la presencia paterna: el
padre de Nereo nunca se personó, de hecho,
nadie sabe quién es; mientras que el de Clara
vive en el pueblo de al lado, pero se puede contar con los dedos de una mano
las veces que él vino a verla (p. 81). Tiene a Tadeo, la pareja de su madre, que solo está intermitentemente,
porque desparece durante temporadas. Criados por sus madres, amigas íntimas, se
embarazaron jóvenes y los criaron como pudieron (p. 81).
El cuento, que es el más corto, se
abre una tarde de verano en que están en un balneario huyendo del calor de la
casa: Mientras la tarde pasaba y los amigos y las amigas iban y venían, ella
estaba ocupada y contenta (p. 82) y se plantean que harán esa noche. Los amigos de él y las amigas
de ella son un clásico de cada sábado a la noche pero durante el verano también
por las tardes. (p.
83).
Clara está en pleno desarrollo corporal: la
gente la trataba distinto (…) porque las tetas le habían crecido (p. 80) lo
que lleva a Nereo a estar pendiente de ella.
Nereo debería empezar quinto, irse de viaje
de estudios y después estudiar, pero todo está en el aire. Clara pasó a cuarto: todas sus amigas siempre
quieren salir con los amigos de Nereo porque son más grandes y van al colegio
nacional mixto, no como ellas que van al colegio privado de monjas (p. 83).
Pero ella está un poco cansada de estar todo el día con Nereo, porque los chicos no se le acercan y está en edad de
merecer
Clara quiere salir del pueblo desde que
tiene memoria, de hecho piensa que debería haberse dedicado al tenis como Gabriela
Sabatini o Mónica Seles. Nereo quiere
probar como portero en algún club de Buenos Aires.
Vuelven a casa en moto y, en un
momento determinado, Nereo la anima a
conducir la moto, ella inicialmente no quiere porque se ha caído con la moto de
un amigo, Agus, pero finalmente accede. En
esa posición ella conduciendo y el detrás, se acercan y entonces queda en el
aire entre ellos una inquietud, ansia. (p- 92). Al estacionar la moto, Nereo le comenta Me puedo quedar también. Puedo
esperar un año más y nos vamos juntos (p. 93).
Otra vez la dependencia como telón
de fondo. Clara también sufre de esa ambivalencia
que oscila entre la dependencia y la autonomía: Nero
la enferma (siempre sabe lo que ella no le dice a nadie), pero también le da
tranquilidad, descansa en el hecho de que ahí está él para salvarla cuando ella
se pone a hacer algo que no sabe hacer (p. 94). De hecho le pide a Nereo
que, si triunfa en el fútbol, e la lleve con él, aunque seamos primos (p.
94).
Solo queda añadir que, como se ha
dicho en el cuento anterior, aquí también el registro lingüístico se hace
notar. acorde con la edad de los protagonistas, está lleno de modismos
coloquiales del lunfardo argentino: abatatarse (turbarse, paralizarse ponerse
tan nervioso que no se sabe cómo reaccionar; hablar o continuar con lo que
estaba haciendo);arquero (portero, guardameta); caño de escape (tubo
de escape); costanera (paseo marítimo o fluvial); fernet (licor
amargo de hierbas); guacha (huérfana o sola); hendija (hendidura,
raja o abertura pequeña y angosta); ir a los pedos (ir a velocidad muy
alta o actuar de manera rápida); ¡Llama Ya! equivalente a "Call
Now": exigir o instar a alguien a que tome una decisión o actúe de
inmediato) musculosa (camiseta sin mangas) percudido (descolorido.
ajado); petiso (bajo); quinta (propiedad de descanso o fin de
semana); relojear (mirar o estar pendiente de algo o de alguien); retar
(regañar o reprender)
5. FELICIDADES
El final rompe la propuesta
narrativa a través de un diálogo ajeno, fragmentado. La historia desplegándose
mediante la acumulación de distintos puntos de vista en un avance lento. Los diálogos
de este último relato (sin duda mi preferido) son de una electricidad
contagiosa que juguetea con la ironía del título (p. 73). Perspectivas,
lugares, tiempos. Madrid y la mujer argentina: una casa lejos de casa (p.
97). Esa intersección entre décadas, treinta, cuarenta, maternidad, dinero,
Tinder… y también sandwiches de miga, resaca, padres. Y sexo, como referente
reiterado: una buena cepillada no cura nada, todo lo empeora (p. 118). Una
final de dinero y deseo, mucho deseo, de embarazo y familia, de futuro imprevisto,
de un mañana que no es promesa de futuro. Y eso, evidentemente, tiene más de estancamiento
que de esperanza.
Desarrollado mediante la técnica
del personaje ausente esas amigas que hablan y chismosean sobre la
protagonista ausente, Sofía (auto guiño de
la autora que le da su propio nombre), y su maternidad, calificándola de loca.
El cuento, que es el más largo, se
fragmenta en cuatro capítulos que recogen otros tantos diálogos (en realidad 3
diálogos y un monólogo) a partir de los cuales se va bosquejando perfil poliédrico
de Sofía, al mismo tiempo que el de las
interlocutoras que se van definiendo por sus propias palabras.
El primero es un diálogo entre Mariam y Sabrina tras
la noticia del embarazo indeseado de Sofía. Mariam que se ha alejado de Sofía (no queda claro en todo el cuento, las
razones de ese distanciamiento) es informada por Sabrina
de todos los pormenores de los que las amigas (Karina,
Jose, Marta, Lila Rosarito y la propia
Sabrina; Maru no fue) fueron informadas en un baby shower (fiesta
prenatal): Sofía se lo está pensando pero lo quiere tener (p. 95). Mariam se muestra crítica con la embarazada: le
encanta ser el centro de atención (p. 97). Sabrina
comenta aspectos personales propios, como el beso con Anita, su compañera de trabajo en el bar, lo que
trae de nuevo a colación las relaciones con el jefe y el trabajo. Lo que lleva
a más cuestiones personales pues Mariam le
pregunta por la homologación de sus estudios de Psicología y por la enfermedad
de sus padre en Argentina (de nuevo aspectos colaterales de la emigración). Y
por supuesto Tinder, la aplicación que se convierte en personaje en todo el
cuento, como puente de conocimiento y relaciones personales.
El segundo mantiene a Mariam pero en este caso tiene como interlocutora
a Marta. Charlan en un restaurante mientras
piden la comida. Mariam pide información, así
se entera de que Sofía y su contacto de
Tinder salieron tres veces, la segunda, follaron y se quedó embarazada. El
muchacho no quiere, no estaba en sus planes (105). Mariam vuelve a mostrarse crítica con Sofía: No le importa cuanto ni cómo le caga la
vida a los demás en el proceso, porque siempre alguien le resuelve, la cuida
(p. 105). Critican también que Sofía se meta
en esto cuando vive con dos chicas 10 años más jóvenes en un departamento
alquilado (nuevamente aparece el tema de la vivienda y el alquiler, como en el
primer cuento) y se comenta que el padre (otra vez la red de apoyo económica)
la va a poder ayudar. Vuelven, también, a salir comentarios sobre las amigas: Sabrina con lo de su padre, Jose con su bebé y Maru
que no vino.
El tercero es el monólogo de Karina dirigido a Mariam
en el pasado, es decir antes del baby shower que justificaban los dos
capítulos anteriores: vamos a organizar el baby shower, estaría bueno que
vengas (p.114). Karina desea con toda su
alma ser madre y hasta ahora no ha podido, por lo que se vuelca en ayudar a Sofía, como si de una maternidad compartida se
tratase. Incluso ha hablado con su marido Jeremías,
porque se va a vivir con ella. Aquí, se vuelve a hacer mención al
distanciamiento entre Sofia y Mariam: Nunca
supe bien que paso entre ustedes (p. 114).
El remate final es un diálogo a
tres bandas de Mariam, Sabrina y Marta
en un bar. Así sabemos que Karina está embarazada, que Mariam
tiene un novio (Jairo) de Tinder que
le pega terribles cepilladas (p. 116); que a Sabrina
se le está muriendo el padre y que no le ha pedido aumento de sueldo al jefe; y
que a Sofía, cuyo hijo Román ya ha nacido,
le compra su padre un apartamento.
Aquí vuelve el uso coloquial de palabras y expresiones propiamente argentinas, así como muletillas comunicativas que ya se han hecho tópicas en nuestro país, concretamente tipo y (qué) onda. Tipo es uncomodín linguístico que se usa mucho en la calle; según el contexto, significa aproximadamente (para suavizar datoso dar un tiempo estimado), como (para dar un ejemplo) o simplemente actúa como una muletilla similar al o sea que usan los jóvenes: Tipo, hago una reunión en mi casa con mis amigas y les cuento lo que me esta pasando / Tipo anuncio (p. 96). Mientras que el otro comodín coloquial, onda, se usa para referirse al estado de ánimo, la energía o la actitud de una persona o al ambiente de un lugar: Onda el pire de maternarnos todas (p. 103). En su versión ¿Qué onda? se utiliza como saludo informal, equivalente a ¿qué tal?: ¿Qué onda, cómo estás? (p. 102); tambien sirve para pedir explicaciones sobre una situación: ¿Y qué onda el chabón? (p. 103).
En fin, todo un homenaje a Manuel Puig
(su escritor favorito) en el sentido de llevar el chisme a la literatura,
aunque reconoce que «hubo un trabajo de mucha corrección para imitar el
ritmo de la conversación; parece fácil cuando se lo lee, pero es muy difícil
escribirlo».
OTROS TEMAS ANEJOS
Los cinco cuentos largos son otras
tantas aproximaciones a lo que el ser humano (léase la mujer) representa en los
contextos sociales actuales: SB utiliza a
sus personajes femeninos para observar y analizar, a través de sus
interacciones, de sus hábitos y respuestas ante los avatares existenciales, las
diferentes tensiones que se generan entre ellas y de ellas con su entorno.
Porque el libro, que, como se ha apuntado, arranca con un embarazo y se cierra
con otro en el último cuento, propone, según Nuria Barrios una «mirada
novedosa y crítica inteligente sobre mujeres del siglo XXI, que saben dónde
están y quiénes son, pero quedan atrapadas en una narrativa que no les
pertenece, heredada de sus madres y abuelas».
Todos en clave femenina, porque
tratan sobre amistad, buenas y malas intenciones e infiernos interiores que
palpitan en la cabeza de las mujeres, consiguiendo un reflejo íntimo del cambio
histórico de roles. Al desgranar el infierno vital que sufre la mujer en
el sentido de no poder expresar su voz interna, en numerosas situaciones, esa
que clama y sacude como un torbellino que han de reprimir para que no las
tilden de problemáticas (u otros calificativos más agrios).
Sin duda, acomete con ironía, e
incluso con cierta subversión, la exploración de las convenciones afectivas del
mundo contemporáneo en sus diversas modalidades: amor, amistad y todo lo que
queda en medio. El libro se lee como un espejo turbador que refleja una
identidad femenina escindida entre el deseo acallado y el deber ser.
Desplegando aspectos clave de la psicología de los personajes, los relatos
diseccionan ese pozo donde la identidad femenina se disuelve en la
mirada del otro y en el autosabotaje, mostrando cómo el refugio en pensamientos
autodestructivos o en la autocrítica no dejan de ser, en realidad,
reivindicaciones de relevancia, de recuperar el protagonismo en la propia vida
que no se siente como tal, sino como el apéndice de otra ajena.
«Los
problemas que tienen son los que se crean ellas mismas»

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