miércoles, 27 de mayo de 2026

PERSONAJE SECUNDARIO

«PERSONAJE SECUNDARIO»
Sofía Balbuena (2026)


    «Todas estamos locas»


UNA ARGENTINA PARA UN PREMIO

Lo primero que he conocido de Sofía Balbuena ha sido que ha ganado la IX edición del Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve celebrado este año. Se trata de un concurso bienal creado en 2008 y promovido por la editorial Páginas de Espuma y la Denominación de Origen Ribera del Duero, dotado con 25.000 euros y la publicación del libro en ese sello. En esta edición ha recibido 1.929 manuscritos de 36 países que han sido estimados por un jurado presidido por Juan Gabriel Vásquez y constituido, entre otros, por Marcos Giralt Torrente, Samanta Schweblin, Guadalupe Nettel, Nuria Barrios, Paulina Flores o Magalí Etchebarne, el editor Juan Casamayor y el presidente del consejo regulador D.O. Ribera del Duero, Enrique Pascual. Si, además, entre los premiados en ediciones anteriores figuran Marcos Giralt Torrente, Guadalupe Nettel, Samanta Schweblin, Liliana Colanzi o Magalí Etchebarne uno puede darse conjeturar la importancia del premio y de la calidad de la obra premiada.

Sofía Balbuena (SB) nació en Salto, (provincia de Buenos Aires, Argentina) en 1984. Licenciada en Ciencias Políticas (UBA), Máster en Creación Literaria (UPF), Máster en Literatura Comparada (UAB) y MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Iowa, para lo cual recibió la beca Iowa Arts Fellowship. Ha trabajado en la administración pública, concretamente en el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas argentino, como librera en Lata Peinada en Madrid, correctora y lectora editorial. Actualmente es escritora y trabaja como profesora de escritura creativa en Madrid, donde reside. Es autora de los libros de ensayo Doce pasos hacia mí, Borracha menor y Gente sin paz (con Sabina Urraca y Daniel Saldaña París) y la novela Sutura.

SB inició estos cuentos precisamente mientras cursaba un MFA (Master of Fine Arts) en Escritura Creativa en Iowa: «Ahí escribí dos cuentos y medio. Y retomé el libro el pasado verano. Quise explorar un cierto binarismo, un universo en relación, un dúo que desea estar junto pero por distintos motivos». La decisión de escribir relatos y arriesgar en la ficción de forma breve ha llevado a SB a otro nivel como escritora, alejada de la autoficción en la que había trabajado hasta ese momento: «Estos cuentos me han permitido desarrollar el mecanismo de la imaginación.»

MUJERES AL BORDE…

Los protagonistas de estos cuentos son personas emigradas, parejas, jefes, amigos que, aunque de entrada serían personajes secundarios, su proceder les convierte protagonistas de las narraciones de que forman parte. Son principalmente (por no decir, exclusivamente) mujeres, que exhiben muchos comportamientos y actitudes generalmente excluidos del relato literario habituado a fijar la atención en las actuaciones masculinas, asignando a la mujer los papeles secundarios. En efecto, SB sitúa a la mujer como protagonista de cada texto, reflejando sus miedos ante la maternidad, en la relación matrimonial, en el deseo por un hombre condicionado por la crianza común como si fuera de su misma familia, la delectación del sexo con otra mujer, la desconcierto de instalarse en un ámbito urbano que no es el suyo, o en la complicidad con un grupo de amigas ante las que no cesan de aflorar inseguridades y preguntas.

Porque SB no concibe escribir nada que no tenga que ver con lo que le pasa a la mujer. Pues la escritura es un proceso que resulta «costoso y es complicado y para mí no vale la pena escribir sobre cosas que no me obsesionan».

Con una refinada dureza íntima SB plasma ese animal interior que abruma o exalta, según el día, que apoya o que debilita, y que aquí condiciona a sus dubitativas protagonistas, predispuestas a todo tipo de miedo aunque con ganas de vivir a tope. Las mujeres de los cinco cuentos pasan por momentos de penetrante autoanálisis puesto de manifiesto mediante un monólogo interno o un diálogo con amigas sobre sus relaciones amorosas, que siempre se muestran asimétricas: una fluctuación de impulsos, emociones y pensamientos que replican las convenciones afectivas que supone ser mujer en el mundo de hoy: los vulnerables protagonistas de estos relatos aparecen captadas en momentos de epifanía, de emociones breves pero intensas, que les permiten comprender algo de sí mismas y de su situación en el mundo.

Se trata de mujeres normales y corrientes con vidas ordinarias, anodinas. Que, a menudo, gravitan en torno a algún otro personaje que se constituye en el protagonista de sus vidas: «Mis protagonistas se ubican en un lugar secundario en sus propias vidas y el libro va un poco sobre eso. Este movimiento hacia el costado, esta inclinación a empequeñecerse o salir del cuadro porque la mirada está puesta afuera de una misma».

…DE FINALES REVELADORES

En cada cuento, las protagonistas se dirigen, entre lo cotidiano y lo intenso, hacia finales tan imprevistos como reveladores. En efecto, SB va introduciendo de forma sutil, encajadas en la monotonía de lo cotidiano, unas imposiciones que van desde un embarazo imprevisto a unas aspiraciones académicas en ciernes o un injustificado cambio de dinero. Pero, propasando lo rutinario, sus contornos se van dilatando a medida que avanzan los relatos hasta quedar abocados a un súbito final: parece que no tienen escapatoria, que no hay otra salida que la forjada en ese mundo íntimo y turbador; sin embargo, el final se decide tras un brusco giro intuitivo. En contraste con el descaro, el desgarro y hasta humor de sus acciones, ese giro inesperado contiene una indudable aceptación: son mujeres que se conforman. Quizá porque el mundo aún sigue siendo así, como el propio título, Personaje secundario, que inicialmente adoptado como provisional finalizó consolidándose.

Barcelona, Madrid, Buenos Aires o Iowa City (Estados Unidos) se erigen en escenarios de unas historias que constituyen una pequeña representación desubicada y apátrida que trasmite esa sensación, que todos hemos tenido alguna vez, de no estar donde se debería estar. De hecho, son protagonistas en tránsito, establecidas en una ciudad que no es la suya pero que las lleva a estar siempre pendientes de lo que dejaron al otro lado. Estas localizaciones son lugares que ella, desde hace años residente en España, conoce bien, y que, más que pretender conformar un cierto cosmopolitismo, pone de manifiesto la rabiosa actualidad: esos desafíos constantes de estos tiempos que exigen plantar cara la inestabilidad, asumir la incertidumbre (que alberga tanto posibilidades como problemas), moverse en un contexto alterno de inmovilismo y libertad.

Cuentos independientes y autónomos tienen, con todo, el carácter de un sistema de vasos comunicantes, pues como apuntó Juan Gabriel Vásquez «Tobias Wolff decía que un buen libro de cuentos era como una novela en la que los personajes no se conocen entre sí, y eso ocurre con esta obra de Sofía Balbuena

ARQUITECTURA Y ESTILEMAS

Esa corriente emocional se sostiene con el uso de un tono arriesgado y con el lenguaje, que genera una atinada y precisa prosa, trufado de palabras procedentes del ámbito argentino que confieren para el lector español una sonoridad distinta a estas páginas, salpicadas también por un humor integrado con fluidez en la narración, pues ni distrae ni interrumpe, sino que más bien atenúa y desde la sonrisa que provoca, aporta a los personajes una sensibilidad que, pese a que SB ha pretendido presentarlos como secundarios, les da un pulso íntimo, una personalidad singular y atrevida que les confiere el aura de protagonistas.

Porque, en este primer libro de cuentos, la escritora describe un «universo moralmente complejo». Con esa escritura incisiva perfila un variado elenco femenino y explora la compleja realidad de la mujer contemporánea: cada relato construye ese universo ajeno al corsé narrativo predominante y escruta el amor, la amistad y las convenciones afectivas del mundo actual.

La obra se estructura en cinco pequeños relatos, guarda una cierta fórmula circular, pues comienza con un embarazo y finaliza con otro: en palabras de Vásquez: «Personaje secundario tiene una arquitectura muy astuta, los cuentos que reúne conversan y se enriquecen». Escrito en tercera persona, a veces parece asomar la personalidad autoral: en esas escenas o chispazos que a menudo generan la historia («todo parte de una chispa»), como la anécdota del cambio de dinero, algo que provocará su característico desarrollo («discontinuo»). Dotada de unas evidentes aptitudes de observación, SB ha acometido, en estos cuentos, unas episódicas incursiones en las vidas (privadas, pero no ajenas) de algunas mujeres que, de distintos modos y por muy diversos caminos, retratan la insatisfacción difusa que caracteriza la psicología del mundo actual: «Desde la tercera persona entré en ese infierno interno que llevamos dentro muchas mujeres y que no mostramos para que no nos tilden de ruidosas, fanáticas o locas. Es lo que se vive adentro, lo que una muerde en silencio, ese personaje secundario de nuestras vidas al que alude el título».

Con las dosis precisas de humor para aliviar esa agitación, para tomar la distancia necesaria para que esa observación no caiga en la indignación o la frustración a la que tan habitualmente parece someternos nuestra realidad, cada vez más confusa e inhóspita para las personas. consiguiendo así «algo muy divertido y muy emocional» tal como ha expresado Paulina Flores. La ironía como un sutil hilo conductor para presentar la esencia de los relatos: las tramas, los conflictos personales, la densidad de los personajes y sus motivaciones.

Estas protagonistas que se cuentan historias para aplacar su insatisfacción y el peso de las decisiones impuestas, al final del día se encuentran con que ese ruido interno, el monstruo que menciona SB, no es sino la constatación de que el miedo no proviene de los sentimientos personales o de la soledad, sino de la inquietante sospecha de que, al haber cedido tanto, una ha terminado por convertirse en actriz prescindible de su propia historia, en ese personaje secundario de la historia de otro, de la vida de otro. La sensación de no estar exactamente donde se debería es la que más se describe y resalta en estos cinco cuentos largos.

La identidad (en medio del ajetreo social, laboral y también, y sobre todo, íntimo), la (relativa) inseguridad o la irrelevancia (que unas pretenden y a otras exaspera), son temas con los que se van mezclando otros igualmente relevantes: las intrusiones del pasado en el presente (que aparecen de golpe o son rememoradas por las protagonistas), la economía (mejor dicho, la precariedad), las angustiosas cavilaciones sobre lo que se ha hecho con la propia vida o aspectos más políticos dado que «los personajes necesitan encontrar cierto alivio en conformarse», rebelándose así, de alguna manera, ante la idea del triunfo y el éxito (pues como como ha advertido Paulina Flores, se trata de «mujeres que mantienen a sus parejas, algo muy latinoamericano»).

Como corolario, dado que cada uno de los relatos ofrece una perspectiva sobre la proyección de lo femenino en la sociedad, SB no deja de constatar cómo tal proyección tiene mucho que ver con los procesos migratorios que definen en buena parte el presente.

CINCO CUENTOS LARGOS

En todo libro de cuentos suele buscarse una unidad o un mensaje común, y destacar  o fijarse en los detalles que los vinculan (aquí: las narradoras femeninas, mujeres en crisis o en transición, inseguridad, comportamiento impulsivo...), olvidando lo que los distingue y caracteriza (los diferentes puntos de vista, los registros variados, los cambios de nivel –espacial, temporal, lingüístico, social, económico, discursivo o anímico– y el tono peculiar que hace a cada uno creíble, próximo, relativamente afable –en su manifiesta agresividad–, o incluso divertido en su acritud).

Esta suerte de elenco femenino lo conforman: una madre que se pregunta si habría sido mejor no serlo; una mujer que ante una petición desusada de su marido rememora un tormentoso pasado con una pareja del otro lado (oscuro) de la ciudad; una pareja de profesoras que compiten y se acompañan con la misma intensidad; dos adolescentes unidos por un vínculo casi familiar que dependen uno de otro más de lo que quieren reconocer mientras buscan formas de escaparse de su destino; un grupo de amigas en Madrid obsesionadas con que una de ellas decide tener un hijo con un tipo que conoció en Tinder. Todos ellos, personajes que no quieren o no pueden huir-

Los dos primeros cuentos fueron concebidos en Iowa, mientras estudiaba un máster de escritura creativa, y una vez habían tomado forma y con la convocatoria del Premio Ribera del Duero a unos pocos meses, terminó de dar forma a los otros tres textos desde Madrid. Dado que los cuentos son, entre sí, más distintos de lo que de lo que puede parecer (y que lo apuntado hasta aquí podría dar a entender), merecería cada uno su propia reseña, como los textos independientes que son. Como eso exigiría un mayor desarrollo, nos conformaremos por apuntar de cada uno de ellos algunos aspectos que me han llamado la atención.

CUENTO A CUENTO

El libro se abre con una cita de Pappo, rockero argentino considerado el hombre del blues en Latinoamérica, que ya es una declaración de intenciones, pues la ligazón entre las formas estadounidenses y la cultura argentina caracterizan el libro, referentes incluidos: Raymond Carver, Alice Munro, Amy Hempel o Lorrie Moore, por una parte; y Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y sobre todo, con Manuel Puig, por el otro.

1. LA MEJOR PERSONA DEL MUNDO

Este primer relato contiene un sarcasmo secreto en su título, que recoge toda la ambigüedad, la contradicción y la incoherencia de una vida que, sin embargo, se antoja casi previsible. No es frecuente encontrar un testimonio tan perfilado y certero de lo atractiva que puede llegar a ser cierta inmoralidad, de la sinceridad inofensiva que puede haber en lo que se oculta.

Ser trata de una reflexión temporal y lejana sobre la maternidad, el salto migratorio, los intelectuales orgánicos en búsqueda de la escasa estabilidad que supone el estudio de las humanidades y la relación de pareja. De Buenos Aires a Barcelona: las lecturas, los euros, el máster y el doctorado (junto a la compleja burocracia). Toda una espiral de pasión y espera. Mundano, cotidiano, concreto material (empleos precarios, empanadas, limpieza) y altura universitaria. Marca instantes, con una niña y una pareja, con el sexo y el amor, entrecruzados. El tiempo se mueve en una dirección, pero los sentimientos y las pasiones se atraviesan de manera vertical. Parques sucios, niños sucios, deseo inmediato, de alimento y de pasión. La esperanza tiene nombre de niña y el futuro es una pareja en paradero desconocido.

La historia narra las vivencias de Florencia, una joven argentina que cursa estudios en Barcelona y que conoce a un chico (innominado: él) del que queda embarazada al inicio de su relación. El embarazo se le vino encima (p- 14) y, a partir de ahí, empiezan las dudas, la tensión entre el deseo de tener el hijo y los miedos. Pensó: es una forma de quedarse, como cualquier otra, quizás más barata. Se quedó, la tuvieron. (p. 14).

Relatado desde un presente, que abre el cuento, en el que la hija, también llamada Florencia (¿símbolo de la persistencia del problema femenino?), a punto de cumplir ya 6 años y está con su madre (que no deja de pensar en el estado de su relación de pareja) en un parque (dando la tabarra a unos viejos que juegan a la petanca) mientras esperan a su padre. Ese presente rápidamente da paso a la revisión del pasado hasta ese momento. Comienza, como se ha visto, con el embarazo no deseado y, a partir del nacimiento del bebé, se van relatando mediante largos párrafos cada uno de los años transcurridos, desde el primero hasta el sexto (que es ahora, el presente narrativo), cuando Florencia tiene casi 6 años y donde se retoma el parque, los viejos y la llegada de él.

El devenir de la mujer durante esos años se puede resumir así: un primer año de cansancio, pero de tranquilidad por tener al bebé cerca, conocer a otras madres y compartir experiencias con ellas. El segundo, él quiso hacer el doctorado, mientras ella se quedaba en casa con la niña: hizo todo lo que pudo para apoyarlo. (p.17). Empieza a trabajar y como el sueldo se le iba en el metro, se compra una bicicleta. Un día en el trabajo, inopinadamente, tiene sexo con su jefe, y, tras los 3 meses de prueba, no le renuevan el contrato. El tercer año cambia de trabajos y piensa en sacar el doctorado y le pide a él que hable con su directora de tesis, pero las cuestiones se demoran… Vuelven las dudas existenciales. Ella cada vez se ocupaba de más cosas y él de menos, aunque se siente vacía y triste y se acuerda de cómo la tocaba antes de parir a su hija (p. 22). El cuarto, intenta entrar en el doctorado, pero no lo logra y lo oculta; trabaja de mesera (camarera), trabajo que nunca había querido (le parecía de bajo nivel) pero que le soluciona el dinero y estar ocupada. Sigue aceptando que pensar antes en él que en ella misma es lo propio (p. 25), al tiempo que va gestando un cierto resquemor comparativo y rememora como siguió cogiendo con su jefe, como se masturbaba en vídeos por los que pedía dinero, aunque no creía que el amor que le tenía se midiera ahí, ella sabía que a él lo quería (p.25). El quinto entra al doctorado sin pedir ayuda: Él estaba terminando y ella empezaba. (p. 26), y vuelve a los mismos pensamientos sobre su relación de pareja (¿qué hubiera pasado si…?). Empieza una vida fuera de casa: Ella creía que le estaba devolviendo los años en que la que había estado siempre alerta era ella (p. 28), aunque se imaginaba que la seguía desando. Un día él le dijo que tenían que hablar y ella, temiéndose lo peor, le da largas. En el presente, mientras, insegura, busca una salida vuelve a preguntarse las mismas cosas. Y así deviene el final cuando ambos hablan. Cinco años en Cataluña, seis de maternidad indeseada. La frase con la que Balbuena termina el cuento actúa de lápida y duda: Te imaginás que no la hubiésemos tenido (p. 32).

A lo largo de los años aparece dos elementos narrativos con un marcado carácter simbólico. Uno es la continua referencia, año a año, a los cinco mil euros que ella había puesto para la fianza de la casa, elemento que empieza viendo como una deuda que él tenía con ella, para pasar a verlos como un seguro de vida comprometido por los desperfectos de la vivienda, y terminar por considerarlos un cuento chino que le sirve para explicar el presente y para acabar pensando que o bien ya no queda nada de ellos o si queda algo ya su valor ha menguado. Clara metáfora de lo que va pensando sobre su vida y su relación afectiva. El otro es esa comparación de sus vidas con un imán de nevera de un viaje ajeno (prefiguración de la metáfora del personaje secundario), es decir un recuerdo del viaje de otros.

Todo eso, además de la reiteración de fragmentos narrativos y pensamientos, junto a la insatisfacción pretendidamente desagraviada mediante el sexo configuran un texto que va mucho más allá de la maternidad cuestionada.

2. AVENIDA RIVADAVIA

También aquí aparece esa insatisfacción que habita en el sexo y el amor, viciada por un pasado agitado y sin la defensa de un futuro que se augura similar. Un cuento que proyecta la insatisfacción con fisonomías distintas: marido, compañeras, autoridad. Solo la paz consigo misma trae el descanso, lo que no deja de ser una chocante manera de admitir la aceptación (por no decir, la derrota).

El relato, protagonizado por una mujer cuyo nombre no se menciona en ningún momento parte de la evocación, quince años después, de un exnovio llamado Martín y de la petición por parte del su marido de un cambio de dinero. Todo ello mientras ella está trabajando en la oficina donde ejerce de secretaria en un día de huelga general en Buenos Aires. Por una parte la inopinada petición del marido desata las elucubraciones sobre el motivo por el que necesitará el dinero, llegando incluso en pensar en una infidelidad conyugal. Por otra, la evocación del tal Martín va encadenando recuerdos cada vez más detallados de lo que fue y supuso esa relación. Concretamente supuso el paso de una frontera social simbólicamente ostentada por la Avenida Rivadavia del título, pues mientras ella era hija de una familia pudiente (la figura del padre provisor recorre el relato) que vive en el lado próspero y acomodado de la ciudad que limita la Avenida, Martín pertenece al lado depauperado y pobre. Así esta relación socialmente asimétrica le resultaba tan atrayente como dañina (con embarazo indeseado y aborto subsiguiente). Todo ello mientras está sola en la oficina (sus compañeras no han ido por el paro) con su nuevo jefe, lo que sirve también para evidenciar su faceta laboral y posteriormente la relación con sus compañeras. El papel de ella en el proceso de relación con su marido, de alguna forma, constituyó en sus inicios también repitió un poco el esquema de la primera relación, pues él estaba por debajo de su nivel social y monetario, y ella se ocupaba de él (Disfrutaba de sacarle el turno con la pedicura si se le encarnaba una uña, prestarle el auto y salir con sus amigos –p. 36–), mientras que él se ha venido ocupaba de la casa, pero con el paso del tiempo ella considera que él se ha ido alejando.

Desde el punto de vista estilístico otra vez la acción se sitúa en un presente, en este caso más prolongado en el que se van intercalando recuerdos y pensamientos íntimos: de hecho en numerosas ocasiones un mismo párrafo contiene pensamientos, recuerdos y acciones. Las coordenadas espacio-temporales sitúan el cuento en la convulsa Argentina, en aquel momento de los cambistas de 2002, cuando cesó la falsa paridad y los dólares se guardaban bajo el colchón. La llegada del apocalipsis financiero.

El urbanismo de Buenos Aires actúa como un personaje más: Plaza de Mayo, el barrio del Once, Hipólito Yrigoyen y Avenida Pueyrredón. Las calles porteñas, sus barrios, como un elemento orgánico: la oscuridad cartonera más allá de Avenida Rivadavia. Martín se hace esperar, su marido también, el barrio del Once, los judíos, el Hospital Francés... En el sentido narrativo destaca el momento en que en su deambular por la ciudad empieza a oscurecer y la mirada con que ella la contempla y asocia su estado de ánimo y la relación matrimonial con esa visión ominosa de la noche en la ciudad: Ojalá me violen y me maten piensa, ojalá me violen y me maten de la forma más espantosa y él se arrepienta toda la vida de no haberme contestado el teléfono (p. 44).

El cuento finalmente, está centrado, de nuevo, en las relaciones: con el marido, con Martín, con su jefe (Augusto, el otro personaje que tiene nombre), con el padre, con sus compañeras de oficina. Lo curioso es que todas las relaciones con hombres se circunscriben a la dependencia: afectiva (marido), sexual (Martín), laboral (el jefe), económica (el padre). Ella, en la duda, no hace preguntas, se siente atraída por el pasado y por la autoridad, su jefe, su ex… Sólo con sus compañeras supera esa dependencia y se siente, incluso, superior (experiencial, intelectual y laboralmente).

3. TSUNAMI

Este tercer cuento, un relato de campus, es el que, al final, contiene la explicación del significado narrativo del título del libro, cuando la protagonista se pregunta preguntarse si en realidad ella misma era no más que un personaje secundario, un decorado, alguien que pronto sería olvidado por todas en la ciudad. (p. 73).

Esa protagonista que, por otro lado, semeja una combinación de las de los relatos anteriores, aunque completamente distinta. Asentada en la Universidad de Marlow City, inventada o recogida de otros lugares, de otros elementos narrativos: mujeres, humanidad, relaciones, alcohol y tabaco, el frío del ambiente. Y, sobre todo, esa soledad consumida por la ansiedad emocional, a la busca de caricias, aunque sea de manos distintas. Todo ello planteado a partir de unas novias a distancia, temporal y geográfica, y de un sexo cambiante, discontinuo. El sexo como definición de lo personal, que se presenta como un espacio propio más que de compañía: la pareja resulta intercambiable, funcionando a niveles básicos de satisfacción.

El relato narra un X de la vida de Lorenza. Lorenza es la última profesora en llegar a Merlow City: ciudad universitaria típica del medio oeste de Estados Unidos, sirviendo como escenario de aislamiento y desarraigo para los protagonistas. Reina, a quien conocía de la universidad pues habían estudiado la misma carrera y tenían amigos comunes, ya llevaba algún tiempo allí. De hecho fue gracias al perfil en redes de Reina como se enteró de la convocatoria. Las dos eran lectoras de español, enseñaban lengua, desarrollaban sus doctorados y los cursos de sus especialidades. Así, poco a poco, en un proceso puntuado por distintos pequeños detalles se va transformando en algo más, dado que para cuando empezaron a acostarse ya habían inaugurado una vida juntas (p. 55). Los acuerdos y favores mutuos se fueron incrementando tanto en el ámbito doméstico como profesional, hasta que Reina obtiene una beca de traducción y se traslada a Suecia. Hecho que mete a Lorenzana en un proceso existencial que va desde la envidia inicial, al desarraigo, por el abandono, y a la tristeza, por la soledad. Hasta que una noche de viernes acude a la reunión de las compañeras de departamento en un bar. Allí bebe, fuma y se enrolla con otra compañera, Yael, con la que tendrá una relación basada en el sexo (mucho más radical y osado que el habido con Reina). El regreso de Reina por vacaciones de primavera (que las llevará a realizar un viaje a México) y el alejamiento silente de Yael lleva a Lorenza a la reflexión, la intranquilidad y, en suma, el desvalimiento. Lo que le pasa es que no sabe muy bien quién es si no viene definida por la mirada de deseo externo y ahí está y ahí se queda, dando tumbos.

El cuento vuelve a referir la culpa y el descubrimiento. Y, en paralelo a la historia de Lorenza, aparece otra pista, otro detalle. la anécdota de las monjas sometidas al verano del amor, a una revolución anterior (la del flower power): cuando llegaron los años de la revolución sexual, los conventos habían cerrado, esas propiedades habían sido reutilizadas por las iglesias y muchas de las ex monjas se habían quedado en la ciudad viviendo en pareja con sus amantes. (p. 58). Otra vez la sensación de que el tiempo pasa por encima de las personas: las monjas (y las no monjas) en un pueblo, lejanas, aisladas (de Roma) de la voz de la autoridad. La distancia como definición.

Finalmente señalar dos aspectos interesantes del cuento que lo relacionan con el siguiente (Mejores amigos). El primero se relaciona con el final narrativo: ambos acaban con una separación, pero de manera muy distinta, pues no queda del todo claro qué es lo que las protagonistas van a hacer con lo que les pasa, aunque entienden algo y pronto habrán de tomar una decisión: «hay algo que yo hice de forma deliberada que es no ir con mis personajes hasta la encrucijada de la toma de decisión. Creo que para el libro que yo quería escribir dejar a las lectoras con la tensión era mejor salida o final».

El otro tiene que ver con el registro lingüístico que caracteriza estos dos cuentos. Así como en todos los cuentos aparecen términos y expresiones propios del habla argentina, es en estos dos donde el registro se hace más patente. En este, que transcurre en Estados Unidos y en el ámbito académico el texto está lleno de anglicismos que se han establecido como términos coloquiales: on tap (cerveza de barril); strap-on (consolador con arnés); stalkear (mirar el perfil y publicaciones de otro en las redes sociales de forma discreta); faculty (cuerpo docente o al personal académico de una universidad); for export (coloquialmente y en sentido figurado señala que algoes tan típico o evidente que sirve para ser exportado al mundo); target (objetivo, meta u objetivo); flower power (ideología de la no violencia, el amor libre y la conexión con la naturaleza); bullshit (decir mentiras, tonterías o algo carente de sentido); spring break (vacaciones de primavera).

4. MEJORES AMIGOS

Esta vez SF sitúa a sus personajes al norte de la provincia de Buenos Aires, en el calor húmero de un balneario del interior. Dejando cierto regusto, en actual y argentino, de El Jarama (1955) de Rafael Sánchez Ferlosio. El interior como contraposición a lo urbano: «el interior y la provincia de Buenos Aires, de donde yo vengo». Amigos, amigas, Clara y Nereo, una relación de luz en verano, de pubertad y adolescencia, de aire sensual y pesado, de humedad que condensa sobre la piel como lo hacen las hormonas. La fricción del viento en un viaje en moto que define todo. Frenazos como elementos sensuales. Genitales y ropa. Al final, el fútbol, como en otros cuentos el urbanismo, como personaje ausente, pero promisorio, como agente de cambio (orgánico y geográfico). Irse. Marcharse a a Buenos Aires, como paraíso lejano, como oportunidad de vida.

Clara y Nereo son dos adolescentes (de 16 y 17 años respectivamente) que se criaron como primos pero primos no son (p. 69). Han crecido sin la presencia paterna: el padre de Nereo nunca se personó, de hecho, nadie sabe quién es; mientras que el de Clara vive en el pueblo de al lado, pero se puede contar con los dedos de una mano las veces que él vino a verla (p. 81). Tiene a Tadeo, la pareja de su madre, que solo está intermitentemente, porque desparece durante temporadas. Criados por sus madres, amigas íntimas, se embarazaron jóvenes y los criaron como pudieron (p. 81).

El cuento, que es el más corto, se abre una tarde de verano en que están en un balneario huyendo del calor de la casa: Mientras la tarde pasaba y los amigos y las amigas iban y venían, ella estaba ocupada y contenta (p. 82) y se plantean que harán esa noche. Los amigos de él y las amigas de ella son un clásico de cada sábado a la noche pero durante el verano también por las tardes. (p. 83).

Clara está en pleno desarrollo corporal: la gente la trataba distinto (…) porque las tetas le habían crecido (p. 80) lo que lleva a Nereo a estar pendiente de ella. Nereo debería empezar quinto, irse de viaje de estudios y después estudiar, pero todo está en el aire. Clara pasó a cuarto: todas sus amigas siempre quieren salir con los amigos de Nereo porque son más grandes y van al colegio nacional mixto, no como ellas que van al colegio privado de monjas (p. 83). Pero ella está un poco cansada de estar todo el día con Nereo, porque los chicos no se le acercan y está en edad de merecer

Clara quiere salir del pueblo desde que tiene memoria, de hecho piensa que debería haberse dedicado al tenis como Gabriela Sabatini o Mónica Seles. Nereo quiere probar como portero en algún club de Buenos Aires.

Vuelven a casa en moto y, en un momento determinado, Nereo la anima a conducir la moto, ella inicialmente no quiere porque se ha caído con la moto de un amigo, Agus, pero finalmente accede. En esa posición ella conduciendo y el detrás, se acercan y entonces queda en el aire entre ellos una inquietud, ansia. (p- 92). Al estacionar la moto, Nereo le comenta Me puedo quedar también. Puedo esperar un año más y nos vamos juntos (p. 93).

Otra vez la dependencia como telón de fondo. Clara también sufre de esa ambivalencia que oscila entre la dependencia y la autonomía: Nero la enferma (siempre sabe lo que ella no le dice a nadie), pero también le da tranquilidad, descansa en el hecho de que ahí está él para salvarla cuando ella se pone a hacer algo que no sabe hacer (p. 94). De hecho le pide a Nereo que, si triunfa en el fútbol, e la lleve con él, aunque seamos primos (p. 94).

Solo queda añadir que, como se ha dicho en el cuento anterior, aquí también el registro lingüístico se hace notar. acorde con la edad de los protagonistas, está lleno de modismos coloquiales del lunfardo argentino: abatatarse (turbarse, paralizarse ponerse tan nervioso que no se sabe cómo reaccionar; hablar o continuar con lo que estaba haciendo);arquero (portero, guardameta); caño de escape (tubo de escape); costanera (paseo marítimo o fluvial); fernet (licor amargo de hierbas); guacha (huérfana o sola); hendija (hendidura, raja o abertura pequeña y angosta); ir a los pedos (ir a velocidad muy alta o actuar de manera rápida); ¡Llama Ya! equivalente a "Call Now": exigir o instar a alguien a que tome una decisión o actúe de inmediato) musculosa (camiseta sin mangas) percudido (descolorido. ajado); petiso (bajo); quinta (propiedad de descanso o fin de semana); relojear (mirar o estar pendiente de algo o de alguien); retar (regañar o reprender)

5. FELICIDADES

El final rompe la propuesta narrativa a través de un diálogo ajeno, fragmentado. La historia desplegándose mediante la acumulación de distintos puntos de vista en un avance lento. Los diálogos de este último relato (sin duda mi preferido) son de una electricidad contagiosa que juguetea con la ironía del título (p. 73). Perspectivas, lugares, tiempos. Madrid y la mujer argentina: una casa lejos de casa (p. 97). Esa intersección entre décadas, treinta, cuarenta, maternidad, dinero, Tinder… y también sandwiches de miga, resaca, padres. Y sexo, como referente reiterado: una buena cepillada no cura nada, todo lo empeora (p. 118). Una final de dinero y deseo, mucho deseo, de embarazo y familia, de futuro imprevisto, de un mañana que no es promesa de futuro. Y eso, evidentemente, tiene más de estancamiento que de esperanza.

Desarrollado mediante la técnica del personaje ausente esas amigas que hablan y chismosean sobre la protagonista ausente, Sofía (auto guiño de la autora que le da su propio nombre), y su maternidad, calificándola de loca.

El cuento, que es el más largo, se fragmenta en cuatro capítulos que recogen otros tantos diálogos (en realidad 3 diálogos y un monólogo) a partir de los cuales se va bosquejando perfil poliédrico de Sofía, al mismo tiempo que el de las interlocutoras que se van definiendo por sus propias palabras.

El primero es un diálogo entre Mariam y Sabrina tras la noticia del embarazo indeseado de Sofía. Mariam que se ha alejado de Sofía (no queda claro en todo el cuento, las razones de ese distanciamiento) es informada por Sabrina de todos los pormenores de los que las amigas (Karina, Jose, Marta, Lila Rosarito y la propia Sabrina; Maru no fue) fueron informadas en un baby shower (fiesta prenatal): Sofía se lo está pensando pero lo quiere tener (p. 95). Mariam se muestra crítica con la embarazada: le encanta ser el centro de atención (p. 97). Sabrina comenta aspectos personales propios, como el beso con Anita, su compañera de trabajo en el bar, lo que trae de nuevo a colación las relaciones con el jefe y el trabajo. Lo que lleva a más cuestiones personales pues Mariam le pregunta por la homologación de sus estudios de Psicología y por la enfermedad de sus padre en Argentina (de nuevo aspectos colaterales de la emigración). Y por supuesto Tinder, la aplicación que se convierte en personaje en todo el cuento, como puente de conocimiento y relaciones personales.

El segundo mantiene a Mariam pero en este caso tiene como interlocutora a Marta. Charlan en un restaurante mientras piden la comida. Mariam pide información, así se entera de que Sofía y su contacto de Tinder salieron tres veces, la segunda, follaron y se quedó embarazada. El muchacho no quiere, no estaba en sus planes (105). Mariam vuelve a mostrarse crítica con Sofía: No le importa cuanto ni cómo le caga la vida a los demás en el proceso, porque siempre alguien le resuelve, la cuida (p. 105). Critican también que Sofía se meta en esto cuando vive con dos chicas 10 años más jóvenes en un departamento alquilado (nuevamente aparece el tema de la vivienda y el alquiler, como en el primer cuento) y se comenta que el padre (otra vez la red de apoyo económica) la va a poder ayudar. Vuelven, también, a salir comentarios sobre las amigas: Sabrina con lo de su padre, Jose con su bebé y Maru que no vino.

El tercero es el monólogo de Karina dirigido a Mariam en el pasado, es decir antes del baby shower que justificaban los dos capítulos anteriores: vamos a organizar el baby shower, estaría bueno que vengas (p.114). Karina desea con toda su alma ser madre y hasta ahora no ha podido, por lo que se vuelca en ayudar a Sofía, como si de una maternidad compartida se tratase. Incluso ha hablado con su marido Jeremías, porque se va a vivir con ella. Aquí, se vuelve a hacer mención al distanciamiento entre Sofia y Mariam: Nunca supe bien que paso entre ustedes (p. 114).

El remate final es un diálogo a tres bandas de Mariam, Sabrina y Marta en un bar. Así sabemos que Karina está embarazada, que Mariam tiene un novio (Jairo) de Tinder que le pega terribles cepilladas (p. 116); que a Sabrina se le está muriendo el padre y que no le ha pedido aumento de sueldo al jefe; y que a Sofía, cuyo hijo Román ya ha nacido, le compra su padre un apartamento. 

Aquí vuelve el uso coloquial de palabras y expresiones propiamente argentinas, así como muletillas comunicativas que ya se han hecho tópicas en nuestro país, concretamente tipo y (qué) onda. Tipo es uncomodín linguístico que se usa mucho en la calle; según el contexto, significa aproximadamente  (para suavizar datoso dar un tiempo estimado), como (para dar un ejemplo) o simplemente actúa como una muletilla similar al o sea que usan los jóvenes: Tipo, hago una reunión en mi casa con mis amigas y les cuento lo que me esta pasando / Tipo anuncio (p. 96). Mientras que el otro comodín coloquial, onda, se usa para referirse al estado de ánimo, la energía o la actitud de una persona o al ambiente de un lugar: Onda el pire de maternarnos todas (p. 103). En su versión ¿Qué onda? se utiliza como saludo informal, equivalente a ¿qué tal?: ¿Qué onda, cómo estás? (p. 102); tambien sirve para pedir explicaciones sobre una situación: ¿Y qué onda el chabón? (p. 103).

En fin, todo un homenaje a Manuel Puig (su escritor favorito) en el sentido de llevar el chisme a la literatura, aunque reconoce que «hubo un trabajo de mucha corrección para imitar el ritmo de la conversación; parece fácil cuando se lo lee, pero es muy difícil escribirlo».

OTROS TEMAS ANEJOS

Los cinco cuentos largos son otras tantas aproximaciones a lo que el ser humano (léase la mujer) representa en los contextos sociales actuales: SB utiliza a sus personajes femeninos para observar y analizar, a través de sus interacciones, de sus hábitos y respuestas ante los avatares existenciales, las diferentes tensiones que se generan entre ellas y de ellas con su entorno. Porque el libro, que, como se ha apuntado, arranca con un embarazo y se cierra con otro en el último cuento, propone, según Nuria Barrios una «mirada novedosa y crítica inteligente sobre mujeres del siglo XXI, que saben dónde están y quiénes son, pero quedan atrapadas en una narrativa que no les pertenece, heredada de sus madres y abuelas».

Todos en clave femenina, porque tratan sobre amistad, buenas y malas intenciones e infiernos interiores que palpitan en la cabeza de las mujeres, consiguiendo un reflejo íntimo del cambio histórico de roles. Al desgranar el infierno vital que sufre la mujer en el sentido de no poder expresar su voz interna, en numerosas situaciones, esa que clama y sacude como un torbellino que han de reprimir para que no las tilden de problemáticas (u otros calificativos más agrios).

Sin duda, acomete con ironía, e incluso con cierta subversión, la exploración de las convenciones afectivas del mundo contemporáneo en sus diversas modalidades: amor, amistad y todo lo que queda en medio. El libro se lee como un espejo turbador que refleja una identidad femenina escindida entre el deseo acallado y el deber ser. Desplegando aspectos clave de la psicología de los personajes, los relatos diseccionan ese pozo donde la identidad femenina se disuelve en la mirada del otro y en el autosabotaje, mostrando cómo el refugio en pensamientos autodestructivos o en la autocrítica no dejan de ser, en realidad, reivindicaciones de relevancia, de recuperar el protagonismo en la propia vida que no se siente como tal, sino como el apéndice de otra ajena.

 

«Los problemas que tienen son los que se crean ellas mismas»


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GRAN BAR DISTOPÍA

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