«RESILENCIA»
Ana Vega (2015)
«Demagogia,
sí, y utopía, sí, también, confieso sin pudor alguno»
SIRENA ENJAULADA
RESILIENCIA (2015) es una compilación de
artículos que la autora, Ana Vega, fue publicando en el desaparecido periódico
digital en asturiano Les Noticies.
Sobre la autora hay muy poca
información. Rastreando en internet se puede saber, a través de Goodreads, que Ana Vega es el seudónimo literario de Ana Pérez Pérez. Nacida en Oviedo
el 31 de mayo de 1977, ha sufrido un trastorno de ansiedad con agorafobia
durante una larga temporada (tal como recoge en su artículo Sirena enjaulada) lo que la llevó a
refugiarse en los libros, la lectura, las inquietudes culturales, la educación
artística … Y escribir, porque «la escritura lo es todo y siempre ha sido
así. Es mi modo de relacionarme con el mundo y conmigo misma y mi modo de
comprenderlo y comprenderme. Es mi más poderoso anclaje, mi faro, mi luz y
también mi única esperanza real.»
Ha publicado varios libros de poesía: El cuaderno griego
(2008), Breve testimonio de una mirada (2009), La edad de
los lagartos (2011), Herrumbre (2012) y
Al xeito del tambor (2013). Y ha sido
incluida en antologías como La manera de recogerse el pelo (2009), coordinada por David
González, y en el estudio Poetas Asturianos para el siglo XXI (2009)
de Carlos Ardavin.
También ha escrito
narrativa, publicando dos libros de relatos: Realidad paralela (2011) y Llanquihue (2012). Además de
cultivar la crítica literaria y colaborar en
periódicos, como Oviedo Diario o La
Nueva España, y en revistas, como Clarín. Por
lo demás, compagina la escritura con la coordinación de cursos y talleres de
creación literaria.
Pese
a su padecimiento, su dedicación literaria le llevó a obtener un accésit del
XXVI Premio Nacional de Poesía "Hernán Esquío" en 2008, y a
ser reconocida con el Premio de la Crítica de las Letras Asturianas en 2011: «En los momentos más duros, la
escritura fue imposible, físicamente imposible, médicamente difícil de llevar a
cabo… Pero sin duda lo escrito durante esos años todavía me recuerda quién soy
y lo más importante, de dónde vengo. Es importante no olvidarlo.»
Se
declara influida por autores como Marguerite
Duras, Thomas
Bernhard, Julio Cortázar o Flannery O’Connor… Y, sobre todo, Albert
Camus, hasta el punto de que a veces sus versos se confunden con citas del
autor francés por la temática que abordan (la verdad, la mentira o la sociedad)
y las imágenes que utiliza (la peste o la ceguera), como en el caso de estos
versos pertenecientes a su obra La edad de los
lagartos: La peste de este siglo / es la ceguera / que todos / nos
imponemos / cada día / para salvarnos.
CLAVES DE LECTURA
Al tratarse de una compilación que
reúne 83 artículos de opinión, requiere tener en cuenta una serie de claves en su
lectura. La primera reside en su naturaleza periodística hay que tener en
cuenta que este es un género periodístico argumentativo y subjetivo donde la
autora analiza y reflexiona sobre temas de actualidad más o menos relevantes,
con el objetivo principal de influir en la opinión y aportar una visión
personal fundamentada, utilizando una sintaxis elaborada y un registro estándar
(lenguaje claro, convincente y formal). Es decir, que en ellos Ana Vega (AV) expresa
su punto de vista sobre un suceso o acontecimiento de la actualidad, que van
desde hechos informativos (el inicio de la presidencia de Barack Obama en
Cambios) a productos culturales
(libros leídos, como Greta de Jane
Osoro; o películas vistas, como Bravehearth),
o simplemente costumbres sociales (bodas, bautizos, comuniones: Exigencias del guión…). De hecho, en estos
artículos de opinión es frecuente que aparezca también la exposición, por lo
que, en propiedad, solemos encontrarnos textos expositivo-argumentativos,
aunque también pueden aparecer secuencias narrativas o descriptivas.
En la parte expositiva, muestra la
realidad de la que quiere hablar, mientras que en la parte argumentativa
defiende su postura. Estos textos expositivo-argumentativos tienen como
propósito persuadir o convencer, con intención divulgativa: bien para demostrar
una idea (tesis), bien para contrargumentar o refutar una idea
contraria. Sin duda, AV suele intentar
modificar la forma de pensar del receptor o modificar su conducta; pero también
suele manifestar cierta intención estética, intentando dar belleza formal a sus
textos.
Así pues, estamos ante escritos
donde, aunque la opinión sea la protagonista, ésta viene sustentada por razones
o ejemplos que permiten entender la perspectiva de la autora. En principio, los
textos están conformados por la tesis, una idea central que AV pretende defender o exponer, y una serie de argumentos
(o contraargumentos), las razones y pruebas que apoyan (o rebaten) la tesis.
Identificar la tesis y los argumentos se constituye en
procedimiento esencial para comprender la lógica del artículo.
A esto hay que añadir, como segunda
clave de lectura, la edición tan descuidada de los mismos. Normalmente este
tipo de publicaciones suele revestir el formato de antología (selección de
artículos o columnas de un autor), donde los artículos aparecen perfectamente
organizados: bien cronológicamente, caso de Mis
placeres y mis días (1994) de Francisco Umbral; bien por
temática, como ocurre con Esto ha sucedido
(2026) de Juan Gabriel Vásquez. En nuestro caso nada de esto se da. La
desinformación al respecto es total. No sabemos si se trata de una antología o
del conjunto de todos los artículos de la autora publicados en Les Noticie.; tampoco sabemos si guarda un
orden cronológico, pues los artículos no aparecen fechados, aunque suponemos
que es así, deducción básicamente colegida de los acontecimientos que van
reflejándose y por la variación estilística: los artículos se van haciendo cada
vez más ceñidos y ganan gravedad. Y, por supuesto, no están organizados
temáticamente.
A lo que se añade la falta de
información sobre la colaboración de AV en Les Noticies. Teniendo en cuenta que se
trataba de una publicación semanal, que fue fundado en 1996 y cerrada en 2012,
no sabemos tampoco en qué etapa de su existencia escribió AV ni en calidad de qué (colaboración fija,
eventual…). Lo único que sabemos es que estos artículos serían traducciones
de los originales, pues se trataba de un periódico escrito en su totalidad en
asturiano.
ESTRUCTURA FORMAL
La ausencia en el Prólogo introductor «Disección»
de cualquier dato, pues se trata de una presentación y toma de postura
(bastante farragosas, por cierto) sobre el título del libro y su intención,
tampoco ayuda al lector en su tarea (incluso puede disuadir de seguir la
lectura). Pretendiendo justificar el título del libro se pierde en
disquisiciones que no acaban de cuajar e introduce hasta ocho definiciones de resiliencia
de distintos autores (como si fuese el prólogo de una tesis doctoral) para
mezclarlo con toda una serie de asuntos (el miedo, el dolor, la violencia, la
mujer o la maldad) bajo un tono de compromiso militante.
Ajustándonos pues a lo que tenemos,
lo primero que podemos analizar es la estructura de estos artículos. AV suele ceñirse a la estructura típica del
artículo periodístico. Se inician con un título en mayúscula que persigue llamar
la atención (Las grietas de la esperanza;),
presentar el tema (La ley del talión; Insomnio…)
o ambas cosas a la vez (Poderoso caballero don
dinero; Hormigas, hurones y lehuzas…).
Abre el texto con una introducción
donde presenta el tema y su tesis al respecto. A veces lo hace a través
de un libro (Historia de una mujer de Marcelo Bijamer
en Belleza y efectos secundarios),
una canción (Everybody Hurts de
REM en A quienes hieren) o una película (Insomnio
en el cuento homónimo), haciendo suya la tesis subyacente en esas obras.
Luego mediante el desarrollo de un
cuerpo argumentativo o expositivo, según el caso, va justificando su opinión
mediante la exposición de argumentos, datos verificables, análisis, ejemplos,
comparaciones o experiencias propias.
Finalmente plantea una conclusión
que resume su postura, cierra la argumentación-exposición y, a veces, introduce
una propuesta o invitación a la reflexión.
Esta estructura formal se ve
sustentada por una serie de rasgos estilísticos que, por una parte, responden a
la naturaleza del artículo como género periodístico, y, por otra, a la prosa de
la autora.
RASGOS ESTILÍSTICOS
En cuanto a la naturaleza del
género periodístico, se puede apreciar como rasgo de estilo la subjetividad
tanto en la forma como en el fondo. Son rastreables los rasgos de subjetividad
en el constante empleo de la primera persona verbal: me pregunto, supongo...;
de pronombres y determinantes posesivos: nosotros, nos, nuestros...,
o del uso de adjetivos valorativos como alucinantes, horribles...
En cuanto a la subjetividad
ideológica hay numerosas muestras, tanto por lo que se expresa, como por lo que
se omite, pues bien es sabido que el mensaje está tanto en lo que uno dice como
en lo que calla. Ejemplos patentes de omisiones se pueden observar en (el
primer artículo) A quienes hieren y Cobardes, cuando al citar a asesinos de masas
de la historia cita a Adolf Hitler, Augusto Pinochet o Jorge
Rafael Videla, omitiendo otros igual de reconocibles y sanguinario como Iósif
Stalin, Mao Zedong o Pol Pot; o El
perdón, en el que teniendo
precisamente como tema su poder beatífico lo ejemplifica mediante los abusos
sexuales en el seno de la Iglesia, para concluir con unas observaciones genéricas
del perdón, que no extiende ( por ejemplo, a la cuestión que, al respecto, en
nuestro país se vivía (y se vive) con las víctimas y verdugos de ETA). Posturas
que denotan una ideología política evidente. Pero, en fin, la autora es
soberana en cuanto a lo que escribe y cómo lo hace, aunque el lector es
igualmente soberano para enjuiciar lo que se le cuenta y cómo se le cuenta.
Por otra parte, dada la citada estructura
de los artículos, la argumentación debería mostrarse como parte esencial de los
mismos. Sin embargo, utiliza muy pocos argumentos, y no siempre bien
desarrollados. Buena parte de ellos parten de casos particulares
(predominantemente personales) para establecer una generalización; casos en
que, como postula la lógica, la conclusión que se genera es probable, pero no
segura. También son varios los que sustenta en la ejemplificación, utilizando
casos concretos, anécdotas o ejemplos ilustrativos para justificar una idea
general, lo cual, como mucho puede justificar esos ejemplos o una variedad
limitada de casos, pero impide su generalización. Utiliza más los
emotivo-afectivos, buscando generar empatía o apelar a los sentimientos del lector
para persuadir, en lugar de utilizar la lógica estricta. Y, finalmente, recurre
a argumentos de autoridad, basándose en el prestigio o conocimiento de una
persona, institución o experto en la materia para respaldar la tesis. Aunque en
este caso suelen ser escritores o cineastas y sus obras, lo cual, respondiendo
a la lógica argumentativa, no pasa del valor que se otorgue a la cita. De
hecho, AV cae en muchos casos en el vicio
de la cita, de modo que, en varios artículos, el peso de las citas, y por
tanto la voz citada tiene más peso que la de la autora: así construye El pasado a base de tres citas del último
libro (en aquel momento) de Nuria Amat y una de Alex Partakos,
Mecanismo repetido en varios artículos.
Luego está el estilo personal de AV. Porque no se puede olvidar que la autora
escribe poesía. Muchos de los artículos muestran cierta mirada de poeta:
esa forma especial de atención y sensibilidad (a menudo descrita como mirada
inocente), similar a la de un niño, que permite contemplar el mundo para
comprenderlo, descubriendo la belleza y la conexión entre la experiencia
cotidiana y una comprensión más profunda o trascendental. Esa forma especial de
atención y sensibilidad que fusiona la intuición, la memoria y la fantasía,
percibiendo la realidad como algo nuevo e inaugural (caso de Agresores, Voz
de gata salvaje o Dónde está el
corazón, por ejemplo). Estilo personal que también se refleja en el
uso del lenguaje. El uso de la metáfora, la comparación, la hipérbole y otros
recursos lingüísticos ofrecen textos de indudable belleza formal como Cortejo fúnebre, Las grietas de la esperanza, Quiénes
somos o Tiempo de lluvia.
Llama, por otra parte, la atención
las pocas veces que recurre al humor y que, cuando lo hace, suele ser bastante
caustico, o al menos sarcástico, caso de Enaguas
donde pretende denunciar a través de la ironía y el sarcasmo, el abuso burocrático
(por llamarlo de alguna forma) a que se ha visto sometida la mujer mediante el
análisis de un contrato para maestras de 1923. Lo que ocurre es que, como pasa
en este artículo, el uso del humor caustico es muy difícil y cualquier falta de
equilibrio acaba quemando el resultado, porque el humor se lee como resentimiento
y un texto cargado de inquina suele distanciar al lector, a no ser que se
utilice con la maestría de Francisco de Quevedo. Gilbert Keith
Chesterton en Alarmas y digresiones (1908-1910) es un buen ejemplo de lo contrario,
recurriendo al humor blanco y la paradoja plasma su ideología en artículos que
siguen siendo un paradigma del uso del humor en la argumentación. En suma, en
estos artículos hay poco humor, y el que hay no acaba de cuajar como rasgo de
estilo.
TRÍPODE TEMÁTICO
En cuanto a subjetividad expresa,
sirva como ejemplo no solo su postura feminista (Un largo
camino), evidente en todo el libro, sino la gran variedad de artículos
(a vuela pluma, al menos diecinueve) sobre asuntos de tal corte. Ahí está la
guerra de sexos desarrollada a través de múltiples artículos, desde Instinto maternal a Elección previsible, por tomar dos con
distintos fondos y enfoque, pero en los que se trasluce en el enfrentamiento
derivado de diferencias sociales o culturales entre hombres y mujeres; la discriminación
de la mujer (Cuestión de poder, Mujer y trabajo);
la superioridad emotiva, relacional y vital de la mujer sobre el hombre (Incompatibilidad de caracteres, El hombre avestruz)
que denotan incluso un cierto sexismo.
Otra temática prevalente tiene que
ver con asuntos de relevancia social, política o cultural del momento (más de
treinta). Puede ser un informe de resultados de un estudio sobre el uso de
antidepresivos (Domesticación),
la publicación de un libro (Enemigos),
el visionado de una película (Insomnio),
o las noticias diarias (Condición humana).
Aspecto que, como veremos, merece ciertas consideraciones. Lo que no excluye el
tratamiento de asuntos más o menos intemporales, como la enfermedad (Eunfemismo. Por qué lo llaman molestia cuando quieren
decir dolor), las relaciones sociales (Cumpleaños
e integración social) o los derechos humanos (Eutanasia y derechos fundamentales del ser humano),
entre otros.
Y el tercer gran trípode temático radica
en asuntos de carácter filosófico y /o psicológico (más de veinticinco) que
desde el examen de ciertas emociones (Miedo)
al análisis de ciertas enfermedades (Sirena
enjaulada), pasando por la contemplación del paso del tiempo (Barcos a la deriva o Dónde está el corazón) o la reflexión sobre la desdicha (Teoría del círculo o filosofía de andar por casa).
Puesto que el libro está
constituido por 83 artículos, ello supone, para un semanario, como Les Noticies, casi un año y medio de escritos
(no sabemos si de forma continua o intermitente), donde AV introduce ideas sobre las dudas e
inquietudes latentes en la sociedad o las que ella considera así, insertando su
visión sobre tales supuestos temas de actualidad. Tal amalgama de ideas, en un
libro que recoge tantos artículos sin agrupar, podría ser apreciada como una
mirada calidoscópica, convirtiendo la obra en un torrente de cuestiones, el
problema es que se abren de manera desordenada, de modo que apenas se comprende
hacia donde avanza, de forma que el lector, pretendido observador y partícipe
de esta realidad, se ve en la encrucijada de o dejar directamente de leer o seguir
a la espera de recorrer sus desiguales (en calidad y temática) artículos.
Porque la primera restricción de un libro de esta naturaleza es que el lector,
en función de su preferencia por unos temas, su indiferencia ante otros o su
aburrimiento ante unos terceros no aprecia de igual modo todos los artículos lo
que hace la lectura muy desigual, sobre todo cuando, como se ha venido
repitiendo, carece de organizador temático o cronológico alguno.
SÍNDROME DE CONFIRMACIÓN y OBSOLESCENCIA
PROGRAMADA
Acercar la opinión al presente,
buscando modos de comprensión de la actualidad a partir de la argumentación no resulta
tarea fácil, pues se corre el riesgo de tender peligrosamente a una
forma de
proselitismo, a «tener razón».
En este caso se refleja en numerosos artículos el «síndrome
de confirmación», por el cual
interpretamos según nuestras creencias. Evidentemente AV,
como exige este género periodístico, no escribe artículos para hacerse preguntas en
público, sino para dar una respuesta posible (la suya) y tratar de convencer al
lector de que esa respuesta tiene sentido. Por cierto, muchas veces no da
respuesta, o la da varias asentadas en los argumentos.
Evidentemente ese impulso ha de ser radicalmente opuesto al
que la mueve al escribir poesía, pues con los poemas se pretende averiguar,
descubrir: se escriben desde la ignorancia y la incertidumbre. Los artículos se
escriben desde una ilusión de certidumbre, desde la idea que se tiene, aunque
sea por un momento, una respuesta. Siempre es un ejercicio arriesgado porque
comete excesos (y lo reconoce), se equivoca (no puede ser, ni es infalible) y
en muchos casos se enreda hasta resultar farragosa (ejemplo palmario, el Prólogo). Por eso tratar de
escribir desde un lugar de equilibrio y justicia, manteniendo las propias
opiniones, pero intentando ser justa, no sectaria, resulta difícil y no siempre
lo consigue. Lo paradójico ha sido comprobar, al leer el libro, que los artículos
que han acertado más han sido los menos subjetivos, caso de Voz de gata salvaje (por su contenido
biográfico de María Callas), Domesticación (porque, partiendo de un estudio científico, se centra en el
tema y se cierra con cierta solvencia) o Dónde
está el corazón (porque, toca con
corrección el tema: en este caso las fases de la vida y sus perspectivas
singulares), entre otros.
Otro aspecto a tener en cuenta es
que, ahora, apenas unas décadas después de su publicación, se lee con otra
perspectiva: es lo que tiene la inmediatez, responder a la urgencia del
presente. En este periodo, equivalente a la mitad de la vida de la autora, han
pasado muchas cosas y se ha consolidado algo más que una simple inflación de
mentiras políticas: la ruptura de una realidad común y la rentabilidad del caos
como proyecto compartido por los nuevos autoritarismos y los plutócratas de la
tecnología. Un nuevo paisaje dominado por la desinformación, el tribalismo y la
velocidad de los algoritmos, donde la lectura del planteamiento de los viejos
hechos y problemas resultan poco o nada pertinentes para el lector de hoy, que
siente que escasamente le conciernen. Es la «obsolescencia
programada» del periodismo. El artículo es hoy. Mañana, es
historia. A partir de 2016 nuestro mundo ha cambiado
radicalmente. Ha cambiado nuestra manera de describir la realidad visible, la
relación que tenemos con la verdad y la mentira y nuestra manera de contar y
receptar historias que expliquen el mundo en que vivimos. Sobre todo, tras la
pandemia, se ha dado una esencial vuelta de tuerca de esas transformaciones.
Es más, hay planteamientos y
figuras que el futuro ha puesto en entredicho o directamente en contradicción.
Caso del artículo sobre el inicio de la presidencia de Barack Obama y
sus altas expectativas para lo que después resultó su mandato, que hace pensar
en el artículo Daniel Ortega (1994) de Francisco Umbral sobre la visita a
España del actual presidente de Nicaragua, presentado como adalid del
progresismo militante y que 32 años después se ha convertido en el dictador más
longevo (y represor) de Hispanoamérica.
HIPISMO, FEMINISMO, IZQUIERDISMO Y ESCRITURA POP
La mayoría de los artículos están escritos desde el pesimismo,
son notoriamente desilusionados y muy escépticos sobre nuestra capacidad de
actuar éticamente en tiempos confusos. Ese paradigma mixto entre un hipismo
caduco, más próximo a los postulados antisistema que al ideario de la
generación beat; un feminismo militante, que aunque ajeno a la diversificación
que se ha desatado a partir de 2010, se muestra más próximo a la cuarta ola
que al feminismo clásico y ajeno a las problemáticas actuales que el movimiento
está planteando (a veces a favor, a veces en contra); y, finalmente, una
tendencia de izquierda militante poco estructurada y documentada, quedando a
medio camino entre planteamientos sociales e ideologías antisistema.
Todo ello sazonado por una escritura
pop, pues aparte de los mencionados casos citados de abuso de citas, el
libro está plagado de referencias de la cultura popular que van desde la acotación
musical (como Paint in Black de Rolling
Stones), a la cinematográfica (como Desmontando
a Harry de Woody Allen), pasando, como se ha dicho, por las
literarias (múltiples y diversas: Voltaire, Marcelo Bijamar, Cristina Peri
Rossi, Luces de Bohemia,
Silvia Grijalbo, Juan José Millás…). Si a ello añadimos que se centra en el
aquí y ahora, en la cotidianidad, con narrativas basadas en la
experiencia personal, la interacción, la inmediatez y la subjetividad (que
puede alimentarse de prejuicios), se puede afirmar que en muchos casos se
caracteriza por una escritura pop, con todo lo que conlleva la carga
referencial en cuanto a declaración vital y cultural.
Finalmente, solo queda añadir que los
mejores libros compilatorios de artículos se pueden leer como el diario de un
observador o como una muestra de ese periodismo que mira la realidad con
clarividencia y cuenta lo que pasa, la realidad común. Todo el mundo describe
esa realidad según sus convicciones biográficas, religiosas, políticas, de
manera distinta, pero la realidad común existe. La realidad se va transformando
ante nuestros ojos, el buen articulista consigue verla, empieza a hacerse
preguntas y acaba llegando a las conclusiones que atraviesan esos libros: Cinco años de país (1982) de Rosa
Montero, Frutos extraños (2009)
de Leila Guerriero, Los domingos
(2021) de Guillem Martínez
o Así que pasen treinta años (2023) de Javier Marías, por ejemplo,
así lo hacen, pero este libro, no parece lograrlo, al menos como libro. Es
cierto que varios artículos tienen ese aliento, pero como conjunto resulta
completamente desigual y, por tanto, no satisface el requisito de ser
considerado ni diario de observador, ni mirada orientativa de la realidad común.
Una idea que recorre todo el libro,
aunque no aparezca formulada, es que estamos mirando desde un solo punto
de vista: el yo, en
los casos que me interesan, utilizan ese yo para mirar hacia afuera, mirar a
los otros. Solo el arte permite cambiar de mirada, nos permite instalarnos en
una realidad y verla a través de un punto de vista que no es el nuestro. Eso es
lo que pasa cuando leemos a Virginia Woolf, a Charles Bukowski o
a Roberto Bolaño, o cuando nos detenemos frente a Los desastres de la guerra de Francisco de
Goya porque, durante un momento, miramos el mundo desde un lugar que no es
el nuestro, con una mirada prestada.
No quiero dejar de hacer mención a
ese hilo temático que AV mantiene en
diversos artículos sobre los cuentos, vistos como unívocamente como un acervo
conservador, patriarcal y caduco a desterrar porque la vida (sobre todo de la
mujer) no responde en absoluto a sus paradigmas (ejemplificado en Y si me quieres, ¿para qué me quieres exactamente?).
Esta visión reduccionista está muy lejos de la mucho más trabajada, investigada
y desarrollada desde la literatura, pensemos en Carmen Martín Gaite, o
la psicología, caso de Bruno Bettelhein y su Psicología
de los cuentos de hadas (1976), donde postula los cuentos de hadas
como fuente de apoyo moral y emocional para la niñez, pues al identificarse con
los distintos personajes de los cuentos, el niño comienza a experimentar por sí
mismo sentimientos de justicia, fidelidad, amor, valentía, no como lecciones
impuestas, sino como parte orgánica de la aventura de vivir: «los cuentos de
hadas enfrentan debidamente al niño con los conflictos humanos básicos» (p.
16).
«A
veces nos esforzamos tanto en comunicarnos bien –alto y claro– que lo que en
principio surge como una sucesión organizada y estructurada de frases con
cierta coherencia termina convirtiéndose en un aullido feroz, o torre de Babel,
que se manifiesta en forma de ceño fruncido»

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